Miércoles 9 de abril de 2008
Ciclo de Historia Económica e Institucional
EJERCICIOS CONTRAFACTICOS EN LA HISTORIA ECONOMICA ARGENTINA
Orador:
Juan Carlos de Pablo
Lo que enfatiza el trabajo de Rosendo Fraga sobre historia “contrafáctica” es la importancia del azar, de las personalidades, de los accidentes, en la historia, frente a toda interpretación grandilocuente.
Por eso me propuse llevar estos ejercicios a la política económica.
En la formación de un economista hay dos herramientas básicas: el ejercicio de estática comparativa y la lectura de la historia.
En el caso de los precios, por ejemplo. Tengo el mismo en base a oferta y demanda. Y me pregunto bajo qué condiciones podría ser más alto o más bajo, mayor o menor volumen, etc. Y hay que buscar razones por las cuales la demanda o la oferta son distintas.
En la preparación de un economista, junto al ejercicio de estática comparativa –que hace volar la imaginación- está la lectura de la historia. Ésta sirve para ver cómo se implementan los procesos, las velocidades, las resistencias, las no neutralidades. Uno de los problemas graves de la Argentina es que tenemos demasiada juventud que no lee historia, y un gobierno que no filtra. Se cree que con una planilla excel y un par de cálculos se hace política económica.
¿Por qué si los principios económicos son muy simples –se preguntaba Keynes-, los buenos economistas somos pocos? Un buen economista combina muchas disciplinas sin ser experto en ninguna –decía. Un buen economista puede ser un matemático de segunda, un historiador de segunda, pero tiene que saber andar por la calle.
Miranda fue presidente del Banco Central durante algo más de un año y terminó sus días en Montevideo.
Prebisch había sido gerente general del mismo banco, desde su creación en 1935 y hasta 1943.
Es impensable que Perón lo hubiera dejado. Pero si hacemos el ejercicio de historia contrafáctica diríamos: Prebisch tenía mucho más oficio y responsabilidad que Miranda. Lo esperable, de haber sido el titular de Economía, habría sido resultados menos espectaculares en los primeros años del peronismo, menos agotamiento de stocks y una recuperación mucho más duradera.
¿Qué habría pasado si Frondizi no hubiera conocido a Frigerio?
En cuanto echaron a Perón, creo que Frondizi se vio a sí mismo como el siguiente presidente civil de la Argentina y se dijo: “tengo que prepararme”. Contaba entonces con la Declaración de Avellaneda, un documento estatista de 1945, y “Petróleo y política”, de 1954. Creo que Frondizi supo que con ese bagaje teórico no llegaba ni a la esquina. Su toma de conciencia generó incluso en su partido posiciones encontradas, al punto de que llegaron a acusarlo de haber traicionado a su partido.
Frigerio era una persona con una personalidad absolutamente determinada a luchar por su ideario. Y nació el desarrollismo –política petrolera, industria automotriz, etc.-: una política económica absolutamente discrecional. Pese a lo cual no hay nadie que acuse a Frondizi ni a Frigerio de corrupción.
De hecho, si Frondizi no hubiera conocido a Frigerio su política habría sido muy diferente y, tal vez, mucho más parecida a lo convencional, a elegir “entre lo que había” en el “shoping” de la época.
Si la elección que ganó Frondizi en 1958 la hubiera ganado Balbín...
Balbín era un mediocre total. ¡Se enorgullecía de no haber salido de la Argentina!
Si Pinedo no hubiera abandonado el tipo de cambio fijo...
Lo primero que hizo Pinedo fue dejar de vender dólares. Las reservas del Banco Central venían cayendo desde hacía un año.
¿Qué habría pasado si Cafiero y Di Tella hubieran tenido un rol de mayor protagonismo en el gobierno de Isabel Perón? Habrían sido más prudentes. Pero el desequilibrio preexistente era fenomenal.
Rodrigo diagnosticó correctamente el déficit fiscal y comercial, en un mundo donde no había mercado de capitales. Había que hacer algo. Y hacerlo rápido.
De todos modos, pensar que era posible salvar al peronismo con cualquier tipo de medidas era ya discutible: había vacío político.
¿Qué habría pasado si no liberaban las tasas de interés en 1977?
La garantía de los depósitos ya existía desde 1946. El debate del ´77 era si las quitaban o no.
La clave fue la liberación de las tasas y todo lo que sucedió después. Hasta que Cavallo las licuó en 1982.
Había tasas reguladas. Y consiguientemente, todo el sistema se había ido a la “porción no institucionalizada”. Si las tasas de interés no se hubieran liberado en 1977, todo el sistema financiero se habría corrido a la porción no institucionalizada. No había mucho que discutir.
¿Qué habría pasado si Sourrouille y no Grinspun hubiera sido el primer ministro de Alfonsín?
Alfonsín va a ser reivindicado por la historia. Hizo perder a los peronistas –un dato no menor- e inició un régimen democrático –que lleva ya 25 años-.
Su entrega anticipada del poder pierde importancia histórica.
Alfonsín nombró como ministro a su amigo Grinspun. A quien admiraba mucho. Pero Grinspun tenía “algunas ideas” económicas que le hicieron perder a Alfonsín el capital político conquistado con su triunfo electoral.
Estoy convencido de que si el primer ministro de Alfonsín hubiera sido Sourrouille, su capital político no se habría evaporado.
¿Qué habría pasado si no se hubiera flexibilizado el Plan Austral?
Recuerden que durante los primeros nueve meses los argentinos “estábamos para el Nobel”, todo el mundo nos miraba con asombro. El Austral le permitió a Alfonsín ganar por goleada la primera renovación parcial en Diputados, en 1985. Nueve meses después de lanzado el plan, Sourrouille “descubrió” que los precios al consumidor habían aumentado 3% por mes. Y 1% los mayoristas. Esto sucedía con tipo de cambio fijo, con tarifas y salarios fijos.
Tuvo allí la opción de reforzar la ortodoxia –bajando lo que había subido- o flexibilizar. Sourrouille eligió flexibilizar.
A Cavallo le sucedió lo mismo a fines de 1991. Con tipo de cambio fijo, habían aumentado los precios al consumidor. Pero eligió seguir con el tipo de cambio.
Sourrouille flexibilizó y en dos años el Austral se derrumbó.
En febrero de 1989, Machinea no dejaba de vender dólares. “Toda la sabiduría” aconsejaba quedarse en pesos porque “se arma pero no ahora”.
Pero el 6 de febrero Machinea bajó la cortina. Si no lo hacía ese día, lo mismo lo habría hecho unos días más tarde pero con menos reservas.
A fines de marzo de 1989 el candidato radical Angeloz pide a Alfonsín la cabeza de Sourrouille. Contra su voluntad, Alfonsín acepta el argumento de Angeloz de que la renuncia de Sourrouille favorecería las posibilidades electorales del radicalismo.
Y viene Pugliese. Con los resultados conocidos.
No pretendo afirmar que la permanencia de Sourrouille en su cargo habría evitado la hiperinflación. Pero sí habría morigerado su intensidad.
En una situación objetivamente difícil, la personalidad del ministro se vuelve parte del problema y le da velocidad al proceso de descomposición.
A fines de los ´80 había un clamor popular por la venta de empresas públicas: estábamos hartos de no tener luz, gas, teléfono, etc. Hasta pedíamos que las regalaran, con tal de sacárnoslas de encima. Ahora se dice que “las malvendimos...” ¿Pero acaso no queríamos regalarlas?
En la Argentina, bajo todos los gobiernos y durante décadas, el Estado demostró ser un pésimo administrador.
Si no se hubieran privatizado las empresas públicas, el deterioro habría continuado.
Plan Bonex. Los plazos fijos en pesos a corto plazo se transformaron en depósitos en dólares a larguísimo plazo. El lío que se armó no fue grande porque el monto de depósitos totales era pequeño, ya que veníamos de la hiperinflación.
Si se hubieran devuelto los depósitos, habría estallado la inflación. No puede decirse con la soltura con que se lo dijo: “¡Qué barbaridad, han afectado el derecho de propiedad!”
Cuando se deposita un peso a siete días de los cuales cuatro son feriados, con la expectativa de recuperar $ 1,70 al cabo de esa semana, es forzoso saber que algo va a pasar. No hay derecho a “hacerse el gil”...
Si no se lanzaba el Plan de Convertibilidad...
Lo que se discutía por esos días era la dolarización de la economía. Estábamos saliendo de la tercera hiperinflación, la demanda de pesos era nula, la credibilidad del gobierno era muy poca.
Desde la implantación de la convertibilidad hasta el Tequila, la inflación bajó y la demanda de pesos se triplicó. Eso fue un gran éxito.
Cuando se critica que se haya armado un sistema crediticio en dólares no se reconoce que no había alternativa alguna.
Si se hubiera abandonado la convertibilidad durante el Tequila, no habría sido un proceso sencillo. No había un libreto. Aunque puede discutirse esa alternativa.
Si Cavallo le hubiera dicho que no a De la Rúa...
La Argentina es un país presidencialista. No funciona sin presidente. Tenemos tres ejemplos en el siglo XX: Guido, Isabel Perón y De la Rúa.
A mi queridísimo amigo Cavallo le advertí: “Te van a matar aunque te vaya bien”. Y ni siquiera le fue bien.
Pero si cuando le ofrecieron el cargo hubiera dicho que no, el presidente De la Rúa se caía esa misma semana.
¿Qué habría pasado si Cavallo no introducía el corralito? ¡Habrían cerrado los bancos, no habrían abierto más!
Un ex presidente del Banco Central –al que no voy a nombrar- dijo en 2002 ante una numerosa audiencia que no habría que haber instalado el corralito, que bastaba con haber cerrado cinco bancos... y abrir el resto. ¡Un irresponsable total!
Si a comienzos de diciembre de 2001 se hubiera hecho lo que planteó luego este irresponsable, los bancos que se hubieran abierto habrían sido vaciados.
El corralito fue una necesidad imperiosa y también una tragedia. Con caída de depósitos y sin herramientas para contener la sangría, no había “alternativas superadoras”.
¿Y si Remes Lenicov hubiera tratado de defender el uno a uno...?
Imposible . Además del anuncio en el Congreso de que no se pagaría la deuda, Remes era ministro de un presidente que confesaba no creer en el modelo.
¿Qué habría pasado si Ignacio de Mendiguren no licuaba los pasivos?
Lo que habría pasado en ese contexto del 2002 habría sido el intento de negociación privada de bancos con las empresas.
Queda claro que lo que los bancos tenían como activos anotados de deuda de las empresas, y las empresas anotados como pasivos, era una ficción.
La misma ficción del primer semestre de 1982, que lleva a Cavallo, como presidente del Banco Central, a licuar los pasivos.
Cavallo y De Mendiguren deberían tomar un café y felicitarse uno al otro “por haber salvado al sector privado”, después de semejante acumulación de pasivos.
Lo que habría que haber preguntado al FMI, cuando a comienzos de esta década pretendió hacer un “examen de conciencia” sobre sus errores, es cómo en la década del ´90 se olvidaron de lo enseñado en todos los cursos introductorios de economía.
Pregunta que podría formularse hoy mismo frente al tema de las hipotecas “sub prime”.
Hay que estar atentos siempre a la llamada viabilidad del sistema, planteada desde el punto de vista político.
¿Por qué el político respetará los consejos de quien, por ejemplo, le sugiere levantar el pie del acelerador? El político siempre intentará dilatar esas decisiones.
¿Cuál es el momento óptimo de confesar una infidelidad en el matrimonio? Nunca. ¿Qué enseña la Historia? ¡Que te descubren!
Esto es importante porque llevamos recién cuatro meses de un nuevo gobierno. El ajuste tiene que ser endógeno.
Lo que en economía no admite flexibilidad, lo que hace fracasar el “efecto chicle”, es cuando el sistema se vuelve insostenible.
No juguemos con las palabras, no hablemos de “consenso” cuando lo que hay que hacer es resolver el conflicto. Ser intelectual en serio es olvidarse de las palabras y ocuparse de aquello que las palabras nombran.