IAEF

Realizado en Rosario y Córdoba (10 y 14 de abril de 2008 respectivamente)

PRE CONGRESO 2008

Oradores

Sergio Berenzstein

Ricardo Arriazu

Mario Blejer

Enrique Szewach

 

SERGIO BERENZSTEIN

El apoyo a la presidenta cae más rápido de lo previsto

El sistema político argentino está cambiando. Aunque no sepamos hacia dónde va.

La Argentina es un país hiperpresidencialista. El sistema de contrapesos –poderes legislativo y judicial- no funciona como tal. Predomina el nepotismo. Y el federalismo funciona muy mal.

El aparato político que mejor se adapta a esta disfuncionalidad es el peronismo.

Las crisis recurrentes en las que cae el sistema a lo largo de los años han generado un enorme grado de desconfianza. Hemos atravesado por once crisis profundas y por seis muy profundas. La política funciona mal, llevamos tres décadas de estancamiento. El problema argentino es estructural y endógeno.

La desconfianza salpica a todas las instituciones. Sólo las universidades cuentan con una mayor estimación en la gente: 64% de confianza. Y entre los que no gozan de la misma: partidos políticos, sindicatos, policía, Congreso, Poder Judicial.

La última crisis –la desatada entre el gobierno y el campo- ha hecho caer el optimismo en el futuro. A ella se suman la inseguridad y, en el último año, la inflación. No hay “dibujo” del INDEC que disimule ese malestar.

Cabe recordar que, a la salida de la crisis desatada en 2001, el alto desempleo resultante justificó en la sensación de la gente el crecimiento moderado de los precios, si ése era el precio a pagar para que la economía siguiera su marcha ascendente y se pudieran recuperar fuentes de trabajo. Por eso el gobierno insistió en su política pro-empleo.

Hoy detectamos con preocupación un resurgimiento de la confianza en el estatismo desmedido (75% de los consultados). La batalla contra la discrecionalidad es cultural.

Cristina (la presidenta) no pudo definir aún un estilo propio. La realidad le ha impuesto su propia agenda: el escándalo de las valijas, la crisis de los rehenes en Colombia, el protagonismo del ex presidente Kirchner. El apoyo a la presidenta viene cayendo más rápido de lo previsto. Todas las ciudades grandes y medianas votaron en contra de “los K”.

La llamada “crisis del campo” es básicamente una rebelión fiscal. Producto de ese desgaste, la “hegemonía K” empieza a resquebrajarse. En tal contexto, la oposición tiene otra vez una gran oportunidad.

El problema es que hasta ahora la oposición no existe.

El campo tiene que hacer política. El conflicto ha sido mediatizado. Es muy difícil hablar de golpismo, como lo hace el gobierno.

La crisis ha profundizado las disputas al interior del gabinete. La irrupción de D´Elía en Plaza de Mayo la noche de los cacerolazos es, por su efecto mediático, equiparable a la quema del cajón por Herminio Iglesias, durante la campaña electoral del peronismo en 1983.

La gente aprueba el paro del campo. Pero no los cortes de ruta.

Las dos partes –gobierno y ruralistas- creen que peleando ganan. Por ahora se trata de un virtual “juego de la gallina”, con gran visibilidad de los líderes. Si se produjera un choque, estaríamos ante un desastre social de imprevisibles consecuencias.

Mientras tanto la imagen de Cristina cae un 7% mensual: de hecho, la presidencia se está deshaciendo. El 40% de los argentinos cree que el gobierno no soluciona nada.

Sin embargo no hay crisis de gobernabilidad. Que sí podría existir si se profundizara la crisis externa y acabara afectando a la Argentina.

Es urgente debatir los modos para salir de la crisis.

 

RICARDO ARRIAZU

El gobierno ha gastado mucho. Pero no se ha endeudado.

Es importante discutir si los precios internacionales de las commodities son sustentables o estamos ante una nueva burbuja.

La capacidad productiva crece 4,5%, en tanto la demanda nominal lo hace al 20% anual.

El PBI de la provincia de Córdoba es menos cíclico que el PBI nacional. Pero si queremos hablar de la Argentina, “mejor hablemos del mundo”.

¿Es sustentable el crecimiento mundial? ¿O estamos en presencia de un simple ciclo económico?

El crecimiento caerá. De una estimación inicial de 4,8%, el año 2008 cerraría creciendo al 3,7% -según el FMI-. De hecho, la economía mundial se está desacelerando. Ningún país se salva de esa desaceleración.

El ajuste en los Estados Unidos es inevitable. Que las crisis en el país del norte y las de Argentina hayan coincidido siempre no es casualidad.

Pero esta vez tenemos una diferencia a nuestro favor: el gobierno ha gastado mucho, es cierto, pero no se ha endeudado.

La tasa de ahorro privado en los EE.UU. es negativa. Los norteamericanos gastan de más. Desde el comienzo de la actual crisis, EE.UU. ha perdido el 50% de su PBI. Hoy, ante la llegada del ajuste, alguien va a perder. Y mucho.

No hay experiencia de una moneda de reserva que haya perdido 50% de su valor en tan poco tiempo.

EE.UU. entró en recesión en el cuarto trimestre de 2007. Y el contagio –que lo habrá- recién se está iniciando.

Al bajar la tasa, la FED devaluó de hecho al dólar y generó inflación. Los actuales problemas financieros que empieza a enfrentar el mundo podrían ser los peores desde la crisis de 1930.

Todo el mundo participó de la fiesta. Ahora llegó el momento de ajustar.

China está hoy exportando inflación. Que el mundo esté ajustando por inflación es muy peligroso.

Lo que nos enseña la historia es que lo internacional ha estado asociado a todos nuestros ciclos económicos y políticos.

 

MARIO BLEJER

“Soy un poco más optimista que Ricardo (Arriazu)”. Pero admito que la crisis es importante.

La de Estados Unidos es más una crisis financiera que de la economía real, aunque de persistir hará sentir sus consecuencias en el conjunto. Hay de hecho un derrumbe en el valor de los activos hipotecarios.

Entre las consecuencias de la crisis, existe un aumento del “riesgo de contraparte”: nadie sabe cuantificar las pérdidas del mercado financiero ni su situación patrimonial, debido a la opacidad de los instrumentos de medición.

Hay congelamiento de la liquidez, cae el crédito y aumenta su costo. Hay pérdidas patrimoniales y de capitalización. Existe el riesgo de contagio del mercado hipotecario a otros activos financieros.

Los días del crédito fácil y barato han llegado a su fin.

¿Hemos visto ya lo peor? Tal vez. El mercado está empezando a cambiar –un poco- de ánimo. Ese cambio se debe en gran parte a la agresividad con que opera la FED, que resucitó mecanismos para aumentar la liquidez y evitar la caída de alguna institución financiera de primer orden.

Es bueno recordar que esto se hizo contraviniendo los “consejos” que supieron dar a la Argentina, cuando afrontábamos la crisis del 2001/02. En ese sentido, el rescate de Bear Steams marcó un punto de inflexión. Creo que estamos viendo el final de túnel...

Pero la tasa interbancaria en Estados Unidos sigue alta, no se conoce el valor total de las pérdidas y hay problemas en el sector real de la economía.

Creo que el FMI exagera al calcular las pérdidas en u$s 900.000 millones. Mi estimación ronda los u$s 300.000 millones.

El sector real experimenta una crisis en la construcción y un retroceso del consumo. Aumentó el desempleo pero no vemos una caída dramática en el consumo, como sí la vemos en la construcción.

Unas políticas monetaria y fiscal agresivas son factores que contribuirían a morigerar la crisis.

El sector servicios concentra en los Estados Unidos las dos terceras partes de la economía. Hay una mejora sustantiva del sector externo, en tanto el stock de viviendas no vendidas caería en 2008 y volvería a la normalidad en 2009.

Si bien el crecimiento ha sido muy bajo y lo seguirá siendo durante el primer semestre, habría un rebote en el segundo semestre del año en curso. Que concluiría con un crecimiento del 0,5% al 1%, con presiones inflacionarias.

En el mundo, la inflación forzará a revertir la política monetaria. Hacia el 2010 estaremos creciendo otra vez a tasas elevadas, gracias a las nuevas tecnologías y a una mayor productividad.

Europa crecería entre 1,5% y 2%. Y Japón lo haría a tasas similares.

¿Podemos hablar de un desacople? No de forma total.

Cae el modelo exportador que caracterizó a los países emergentes porque en esos países aumenta el consumo interno. De 5% que venía creciendo el mundo, el crecimiento global estimado baja al 4%; los países emergentes crecerán alrededor de un 7% y el crecimiento europeo rondaría el 2%.

Pero en cualquier caso estamos muy lejos de una recesión mundial.

En el área financiera, sin embargo, el contagio es inevitable. Cae el volumen y sube el costo de los bonos emitidos por los países emergentes.

¿Son las commodities la próxima burbuja? No han seguido la tendencia de los mercados financieros. No veo problemas serios en el área. No creo que configuren la próxima burbuja, si bien la especulación financiera genera volatilidad.

Hay un crecimiento sostenido de la demanda que determina que el precio de las commodities seguirá en ascenso. De ese incremento, el 90% corresponde a países emergentes. La pregunta es cuánto tiempo crecerá China, cuya demanda explica buena parte de la expansión.

En 1820 China era 1/3 de la economía mundial. Luego esa participación se derrumbó a niveles mínimos. En la actualidad, y suponiendo que China creciera 10% anual, llegaría a representar el 25% de la economía mundial... ¡recién en el año 2045!

En síntesis, la economía puede seguir creciendo, el viento de cola nos va a seguir favoreciendo a los argentinos.

El problema: nuestras dificultades en el acceso al crédito.

 

ENRIQUE SZEWACH

La alta inflación ataca al corazón del modelo.

Gasto pro-cíclico, tasas negativas, subsidios cruzados, tipo de cambio alto. Ése es el “modelo K”.

Hoy surge un conflicto entre la eficiencia productiva y la distribución del ingreso. El gobierno intentará reducir los subsidios energéticos en los próximos meses. Mientras tanto, la inversión privada en infraestructura ha sido mínima. Hay mayor presión tributaria y mayor inflación, lo que destruye al tipo de cambio alto. Y así volveremos a empezar...

Tenemos un “hiper presidencialismo de caja”. Pero si el dólar se revaluara, sufriría Argentina y acabaría el “ciclo fácil” del que hemos disfrutado en los últimos años.

Vamos a un mundo en el que los alimentos y la energía serán cada vez más caros.

La inflación en 2008 se sigue acelerando. Para colmo su correcta medición es hoy un ejercicio imaginario, la destrucción del INDEC ha sido lamentable.

En la economía real, la inflación ha sido, de marzo del 2007 a marzo del 2008, del 28%.

El “gran tema” del conflicto que mantiene en vilo al país, las retenciones: no son coparticipables. Santa Fe y Córdoba ceden al gobierno central, en concepto de retenciones, más dinero del que reciben por coparticipación.

Hay crisis fiscal: la deuda pública está creciendo. No sólo por ajuste de la moneda sino por emisión de nueva deuda. Y eso que no hemos reconocido la deuda previsional.

En tales términos, la bonanza fiscal es una idea divertida pero peligrosa.

En materia de alza de precios, en 2008 estamos llegando a la “inflación mala” –suponiendo que existiera una inflación buena-.

La masa salarial cae, lo mismo que el crédito al consumo. Hay desaceleración de la actividad. Y efecto pobreza en el sistema financiero internacional.

Bajo estas circunstancias surge el riesgo de la “stangflation” –estancamiento con inflación-, algo nuevo en la economía argentina, que empieza a pegar en el escenario político.

El aumento de la inflación ataca al corazón del modelo. A largo plazo, de nuevo surge el fantasma de la licuación del gasto, una tentación a la que Argentina parece no poder resistirse.

El meollo del problema pasa por la mejora de la calidad institucional.