Ciclo de Análisis Económico, Social y Político

Jueves 16 de Septiembre | Buenos Aires | 2010

Expositores:
Pepe Eliaschev
, Columnista semanal de Perfil, Diario Popular y El Día de La Plata.
José Luis Espert, Columnista de los diarios Ámbito Financiero y La Nación de Argentina, entre otros.

JOSÉ ELIASCHEV

No me resigno a ser un mudo testigo de lo que sucede…
El tono y el volumen de los conflictos es una cuestión central. Volumen muy alto y tono muy irascible. En la Argentina tenemos la sensación de estar siempre al borde del abismo.
El lenguaje político argentino ha incorporado la noción del enemigo. Y la ha potenciado el gobierno instalado en 2003. Aunque por suerte esto no se ha traducido en violencia explícita, como sí sucedió en la historia argentina.
No amanecemos, como en 1974, con cadáveres en las calles.
La noción de emergencia y de excepcionalidad es otro de los mecanismos instalados como cotidianos: el país “vive en emergencia”.
La Argentina ha abandonado la noción de normalidad.
Mi diagnóstico es que no hemos superado el 2001. Si bien el panorama económico ha cambiado sustancialmente. Pero se perpetúa un clima de agitación y de descrédito de las instituciones representativas.
Lo que ha sobrevivido es un estado de crispación permanente. No lo inventó el matrimonio Kirchner, aunque lo ha potenciado.
Si cinco chicos cortan una calle, “hay que dejarlos”.
¿A quién sirve ese estado de crispación? A quienes se benefician con la excepcionalidad para ejecutar su administración.
La actual administración ha implantado la idea de que un funcionario público se defina como “un militante”, con lo cual reportaría únicamente a su fracción partidaria.
No se comprende que la presidenta se haya definido a sí misma –en el acto del Luna Park- como “una militante”. Los Kirchner se enorgullecen de esos conceptos.
Estamos en presencia de una formidable estafa ideológica. Se tergiversa la noción de mandatario, que si bien es elegido por una parcialidad tiene la obligación de gobernar para todo el país.
Hay un fenómeno de concentración. La presidenta ataca permanentemente a los medios. Acompañada de un monólogo permanente.
En España, por ejemplo, es imposible afirmar que alguien esté en contra de su país. Eso sucede en la Argentina. Se postula que los que no están “adentro” están afuera: responden a un enemigo.
Los siete años de gestión kirchnerista demuestran claramente que no ha habido ningún intento serio de armar alguna clase de alianza que permitiera superar los dilemas del país.
Sólo hubo argumentos propagandísticos. Como el argumento de “democratizar la palabra”, utilizado para aprobar la ley de medios audiovisuales.
Afirmar, como lo hizo la presidenta, que vivimos en una democracia “tutelada” por los medios de comunicación, es un argumento de una formidable inconsistencia.
Con el formidable aparato montado por el Estado, con medios “privados” que solamente existen por el auxilio de la propaganda del gobierno, ¿puede seguir diciéndose que en la Argentina no hay pluralidad de palabra?
¿Qué tiene que pasar… cerrar el grupo Clarín, para que el gobierno admita que hay diversidad?
Las políticas de estado en la Argentina también forman parte de un bagaje retórico.
El gobierno opera sobre la base de que la sociedad debe ser gobernada disciplinada y verticalmente. Eligiendo siempre al adversario. Por eso las políticas de estado son falacias, parodias de lo que deberían ser. El kirchnerismo no acepta la complejidad del mosaico social argentino. Gobiernan sobre la fragmentación.
Sobre la ley de medios, se ha instalado la noción del relato. Que se ha convertido en una obsesión para el oficialismo.
Lo que preocupa es la importante cantidad de gente joven que hoy integra una militancia azuzada por el gobierno, sobre la idea de que hay una “tarea pendiente” desde 1976.
Kirchner se ha instalado a sí mismo como un claro ejemplo de “la transgresión”. En consecuencia, las tomas de escuelas son apoyadas por el gobierno y, en general, toda acción que desafíe al orden establecido… excepto el que ellos manejan.
En el Congreso nacional se han producido cambios. No es cierto que la situación sea hoy la misma que en septiembre de 2009.
Esos cambios han acotado la libertad de movimientos del oficialismo.
No estamos en presencia de una “fantástica democracia parlamentaria”. Pero sí es cierto que hoy el oficialismo se ve limitado en sus movimientos.
¿Tenemos una oposición en la Argentina? No. Tenemos oposiciones…
Esto no es malo. Creo en la alternancia. Ella es la savia de todo sistema sólido. En cambio la continuidad es peligrosa. Ya sea por nepotismo o por dictadura.
La alternancia es necesaria en la Argentina. Con o sin los Kirchner.
Lamentablemente, la Alianza fracasó. Pero el gobierno de Menem estaba agotado.
Que el aparato del Estado se oxigene es muy importante.
Claro que la oposición como tal no existe. Hoy es un mosaico. Con cuatro sectores…
El peronismo federal, con cuatro precandidatos presidenciales. El espacio radical/socialista –con Alfonsín y Cobos-. Tenemos una izquierda, básicamente porteña: la de Solanas. Y una coalición cívica, que hoy es una incógnita, al apartarse del espacio radical/socialista.
Estos cuatro sectores son muy diversos.
La política no va a volver a generar una mayoría como lo hizo desde 1983 en adelante. A eso no se regresa. Hoy es poco menos que imposible que alguien gane en primera vuelta.
Esto es un capítulo abierto. No vivo de hacer presagios.
La Argentina está demostrando una dificultad formidable para acompañar al mundo. Es un país con vetas autoritarias muy duras. Se ha posicionado en América latina más cerca de posiciones setentistas que Chile, Uruguay, Colombia o Brasil.
Miro con mucha preocupación el clima político del país. Está por verse que el oficialismo gobernante termine aceptando las normas de la democracia.

JOSÉ LUIS ESPERT

La economía internacional.
El primer país en crisis fue Grecia, con casi 14% de déficit fiscal –la Argentina, en su peor momento, acumuló 4% de déficit.
Estados Unidos ha llegado en su peor momento al 10% de déficit fiscal, siendo el país que más crédito recibe en el mundo.
Y muchos otros ejemplos.
Cuando la Argentina defoltea su deuda, tenía 50% del PBI de deuda pública. Alemania tiene una deuda pública que supera el 70% e Italia supera el 120%. Alemania estuvo a punto de implementar un plan de ajuste, pero terminó con un plan de expansión fiscal, producto de la presión de los miembros de la UE.
Nuestra sensación sobre la economía mundial es optimista. No creemos que Europa ni Estados Unidos reincidan en una recesión, en los próximos meses.
Probablemente la recuperación sea más lenta de lo que pensábamos, pero seguimos pensando que la economía mundial no entra en recesión durante este año y el siguiente.
Estamos viendo una recuperación de la economía mundial. En 2011 la recuperación sería algo más veloz.
Economías en desarrollo crecerían 7% durante 2010 y 7,5% en 2011.
En 2009 el comercio mundial cayó 12%: es la peor caída desde la Segunda Guerra mundial. Y se estaría recuperando al 8% en 2010 y al 10% en 2011.
La inflación minorista mundial sería en 2011 del 2%.
En las economías en desarrollo sería del 5% en 2010 y del 4,5% en 2011.
España sigue en recesión. Cae 0,5% en 2010. China e India siguen creciendo.
En Argentina, los Kirchner redoblaron la apuesta inflacionaria. Y empezamos a convivir con una inflación cercana al 30%.
El problema de financiamiento estatal existe.
Lo notable es que el gobierno se llevó del Banco Central, a comienzos de año, 3.500 millones de dólares, sin consecuencia alguna para los depósitos. Que son reservas para respaldo de los depósitos, no son “de libre disponibilidad”, como caprichosamente afirman los Kirchner para evitar el ajuste del fisco.
La recurrencia al fenómeno inflacionario con objetivos de financiamiento del gobierno y el uso de las reservas del Banco Central son las claves para explicar la política fiscal de 2010 y de 2011.
El mundo desarrollado ha ganado la batalla contra la inflación en los últimos cincuenta años. Y la Argentina vuelve a ponerse en contra de esa corriente.
La tasa de interés real en los Estados Unidos es hoy la más baja de los últimos sesenta años! Por eso, tendencialmente, el dólar se ha debilitado contra el euro.
Luego de 200 años, la Argentina está gozando hoy de los quintos mejores precios de intercambio.
Es muy difícil, con este panorama, que a la Argentina le vaya mal en materia económica, por lo menos a corto plazo y a pesar de los Kirchner.
Hay una deliberada política por parte del gobierno argentino, de sostener tasas de interés muy bajas, para que la gente gaste y no ahorre.
Los salarios en dólares de la industria manufacturera son hoy ya 35% superiores a los de diciembre de 2001. Para el promedio del sector privado, son 11% superiores a los del fin de la convertibilidad.
Los salarios del sector privado informal y los del sector público están por debajo de ese nivel. Por eso cabe esperar una enorme presión salarial del sector público, frente al año electoral en 2011.
El gasto público es hoy record histórico. Supera el tercio del PBI.
Estamos por encima de los 90.000 millones de pesos en subsidios.
El gasto público es insostenible. El sector privado en blanco sufre una presión fiscal similar a la de los países desarrollados.
El “gran truco” del Indec es haber negado la recesión de 2009.
Hoy la industria, según FIEL, atraviesa su quinto mes de desaceleración. Aunque no avizoro un escenario de caída en la actividad industrial.
La construcción está casi 70% por encima de los niveles durante la convertibilidad. Sin embargo debería crecer todavía 40% para alcanzar a los niveles de octubre de 2007 –previos a la recesión.
Argentina tiene hoy déficits fiscales en dólares similares a los del colapso de la convertibilidad. Aunque no preveo que sea tan desestabilizante como entonces, ya que hoy se recurre a la inflación.
En 2011 el gobierno va a necesitar el triple de reservas del Banco Central de los usados este año.
El Banco Central se ha transformado en la caja del gobierno.
Recorremos “de a poquito” a conductas que tienen que ver con nuestra decadencia secular.

Sede Central:
Filial Córdoba:
Filial Rosario:
Filial Mendoza:
Filial Tucumán:

Fase Comunicacional