Ciclo de Historia Económica e Institucional

Jueves 4 de Noviembre | Buenos Aires | 2010

Expositor: Sergio Berensztein, Doctor en Ciencia Política de la Universidad de North Carolina at Chapel Hill.
Con la coordinación y moderación de Ernesto Rey.

Hace ya unas ocho décadas la Argentina entró en un círculo de decadencia –del cual no sale .
Un nivel de análisis es el institucional; otro, la insolvencia fiscal, y un nivel estrictamente político.
Son temas que trascienden las épocas, que se repiten. Existe un “mecanismo de relojería” que genera la decadencia argentina.
No creo que las causas de la decadencia sean económicas. Creo que no aprovechamos las circunstancias económicas. Países muy parecidos al nuestro han tenido mucho éxito, en similar situación previa a la nuestra.
Tampoco el condicionamiento es cultural. La “herencia culturalista” ha perdido vigencia. No hay una ética protestante o católica que evite nuestro progreso.
Tampoco tiene que ver con personas o partidos.
Un elemento a identificar es la concentración de autoridad en el presidente de la nación.
La idea de Alberdi, que se encontró en su momento con un vacío de poder, pasó de ser una idea transitoria a ser una opción definitiva.
En nuestra Constitución, el presidente tiene muchísimos recursos. Su constitución fue tan exitosa que hasta fue imitada por otros países, como México. Era un régimen importante para salir de guerras civiles. Pero el problema es que muchas veces uno se enamora de mecanismos transitorios y los convierte en definitivos.
En nuestro sistema, los mecanismos de control del poder central no funcionan .
El federalismo nunca funciona plenamente. Tampoco el poder del Congreso. El presidente tiene plenos atributos legislativos.
Reproducimos, desde la presidencia de la nación, un sistema de caudillos .
La misma concepción centralista del poder caracteriza a todas las administraciones: es una autoridad vertical que, por definición, evita el desarrollo democrático. Evita que haya incentivos para la participación. El presidente concentra demasiado poder. Su liderazgo debe ser a todo o nada.
Kirchner fue una versión extrema. Pero de ninguna manera fue la primera ni la única.
El presidente necesita un estado débil . Que acompañe su gestión. Es la agenda del presidente.
No hay ningún límite al poder del presidente.
La lógica presidencialista es la construcción de poder de corto plazo.
No hubo planificación en política migratoria. Nunca la hubo .
Esto explica un deterioro constante, por parte del Estado, en la generación de bienes públicos. Hay hoy una pavorosa diferencia en políticas públicas, incluso comparadas con países vecinos.
Es como tener una fábrica de autos sin ingenieros…
No hay sociedad que pueda funcionar con un Estado manejado de este modo.
La Argentina es un país en el que es difícil generar negocios. Porque la regulación es muy mala.
En la Argentina nunca se planifica nada. No existe la planificación estratégica.
Por ejemplo: ¿en qué país del mundo es de interés público la fabricación de papel de diario? Se improvisa permanentemente.
¡Agustín P. Justo fue el último que pensó en un sistema vial…!
Nunca más se pensó en el tema.
Desde la década del ´60, la Argentina “exporta” a sus mejores talentos. Los educa en forma gratuita y luego los expulsa.
En tanto, importamos también mucha gente. Pero de muy baja calificación. De países limítrofes.
Con lo cual tenemos el Gran Buenos Aires… Hace casi cincuenta años estamos alimentando este desastre, imposible de administrar.
La gente que llega al Congreso no tiene interés en representar a quien lo votó. Su lógica es servir al que lo puso en la lista.
Por eso es raro encontrar buenos legisladores. Porque “están de paso”.
El tiempo de aprendizaje dura entre dos y cuatro años. Pero cuando aprende, se va .
Esta circunstancia le da todavía mayor poder al Ejecutivo.
No hay en el Congreso un cuerpo permanente de asesores. Que trabaje independientemente de quien ejerza el poder, asesorando a los legisladores en aquello que no saben.
En la Argentina generamos “ciudadanías imaginarias”. Incorporamos, con cada reforma constitucional, una inflación de derechos. Para una ciudadanía que no puede sentir que eso funcione. Lo que deriva en una enorme insatisfacción-

El sistema político “sobrepromete” pero no puede luego dar las cosas mínimas.
Soy hijo de la hiperinflación.
En la Argentina de 1989 no había obviamente pactos fiscale…
El Estado se basó siempre en un financiamiento muy distorsivo. Por ejemplo, con impuestos al consumo. Muy anteriores al IVA.
Buenos Aires se peleó con el interior por plata . Por el control de la aduana, no por otra cosa.
Nuestra base fiscal promueve la desigualdad. Se le cobra mucho más a los que menos tienen. En cualquier contexto histórico.
La Argentina fue siempre protagonista de las principales deudas internacionales.
Nunca alcanzan los recursos. Argentina se endeuda y cualquier problema financiero externo genera una crisis.
¿Cuántos países tuvieron una híper? ¿Cuántos una crisis como la del 2001?
La Argentina siempre magnifica los shocks externos.
Todos los intentos de estabilización fueron de corto plazo y fracasaron. Parecía, en los ´90, que se había alcanzado una estabilidad. Pero la crisis de 2001 disolvió ese consenso. Generando otro, el consenso “anti-desempleo”.
La discusión en torno al uso de reservas giró a si se hacía por decreto o con la aprobación parlamentaria. Convalidamos, todos, una violación. Hubo consenso para violar la norma.

Esta sociedad no tiene anticuerpos para defenderse de violaciones masivas. Hoy no hay diferencias entre el Tesoro y el Banco Central.

No puede haber sistema financiero con estas normas. No hay crédito a largo plazo.
En la Argentina no hay partidos políticos. Hay, a lo sumo, maquinarias electorales .
Si no hay partidos, no hay cultura democrática. Los países que tienen democracia tienen partidos. Son un mal necesario.
Acá hay mucho más individuos que partidos. Tanto, que los partidos se llaman como las personas.
Sin partidos no puede haber nunca una democracia. Tiene que haber partidos de alcance nacional .
Es ésta la primera vez en que la violencia política ha bajado sustantivamente.
El juicio a las juntas militares fue visto por el mundo como un acontecimiento histórico. Nunca había sucedido. Lo que hubo fueron potencias que juzgaban a criminales de guerra.
Sin embargo, los organismos de derechos humanos percibieron a esos juicios como a “una transacción” que no sirvió de nada.
Es una sociedad que busca la preferencia grupal o individual. No valoramos el proceso, queremos el reclamo, “lo que yo quiero”. Es maximalismo en el reclamo, una actitud claramente no democrática.
Es una evidencia de la falta de cultura democrática real. Los organismos de derechos humanos fueron un factor importante. Pero a la vez expresan nuestro autoritarismo.
Los liderazgos en la Argentina son fenómenos de impacto muy limitado en el tiempo. Concentran mucho poder pero en el corto plazo.
Siempre hay una parte muy importante de la sociedad que no se siente representada por ese liderazgo. Muchos actores quedan afuera. Y cuando entran en el sistema, hacen tabla rasa con lo hecho. Los líderes son hegemónicos. Por eso, excluyen a otros.
Uno piensa en candidatos que sacaron millones de votos: Bordón, Menem, Carrió, Cavallo… millones de votos que fueron coyunturales .
A tal punto que casi la mitad de los interrogados sobre su voto en la última elección dicen no recordarlo. Se banaliza el acto ciudadano más importante. Esto se llama desafección política .
La judicialización de la política, o la politización de la justicia, afecta a la dinámica institucional. Cuando las cosas no están ordenadas, estos mecanismos son utilizados para obtener réditos personales o sectoriales.
El Consejo de la Magistratura se creó para corregir estos desfases. Pero no funcionó.
¡La figura del jefe de gabinete, por ejemplo, fue pedida por Menem para recortarle el poder a Cavallo!
La política recurre a la judicialización para defenderse del híper presidencialismo. Por eso cunden los amparos judiciales.
Estamos frente a una cuestión sistémica. Que no se soluciona con un cambio de gobierno, ni en el corto plazo.
Pero se puede solucionar, pensando en el mediano y largo plazo, tratando de mitigar el presidencialismo, dando mayores atribuciones a los otros poderes. Y fortaleciendo el aparato estatal, profesionalizándolo, dotándolo de tecnología.
Estamos a tiempo. Consolidando una situación fiscal inédita, mejorando el gasto.
Hay una enorme oportunidad.
En la Argentina no hay masa crítica de líderes políticos o del sector privado. Hay que formar a la gente. Hay que invertir mucho en recursos humanos. Y no lo estamos haciendo.
No puede haber un país moderno sin una élite moderna. Eso en la Argentina no existe.  

   

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