Ciclo de Historia Económica e Institucional

Jueves 24 de Junio | Buenos Aires | 2010

Tema: "Estados Unidos y Argentina: Historias Paralelas".
Expositor: Emilio Ocampo, Historiador.

Con la coordinación y moderación de Ernesto Rey.

La crisis desatada en 2008 podría, para Estados Unidos, terminar como la crisis argentina de 2001, si los políticos toman decisiones equivocadas y olvidan las dolorosas lecciones del pasado –sostiene un autor norteamericano.
Según ese autor, hace un siglo y medio Estados Unidos y Argentina se encontraban en una situación similar: abundantes recursos naturales y una enorme extensión territorial. Esas semejanzas se mantuvieron hasta 1929.
A partir de la depresión de 1930, comienza “el divorcio”. Los dirigentes argentinos equivocaron el camino, eligiendo una dictadura militar y el nacionalismo económico, mientras Estados Unidos elegía el “New Deal”. Y la declinación argentina ya nunca se revirtió.
En la década de 1990, la Argentina volvió a sucumbir en un error fatal: la convertibilidad, incompatible con un gasto público en expansión constante y una deuda creciente, que inevitablemente derivó en una crisis financiera.
La crisis sub-prime se produjo porque los bancos prestaron dinero a quienes este autor norteamericano describe como “los argentinos del mercado inmobiliario americano”.
Su conclusión es que si Estados Unidos no reconoce sus errores y los corrige, su estatus como superpotencia corre peligro: su crecimiento no estaba “predeterminado”, ni lo está de ahora en más.
Creo que el artículo en cuestión es demasiado simplista, si bien resulta atractivo a cualquier lector del Financial Times, donde se publicó.
Personalmente, creo que a las diferencias entre Argentina y Estados Unidos hay que buscarlas en el ADN de ambas naciones.
Los procesos independentistas fueron diferentes.
Para Adams, otro estudioso americano, los argentinos se pasaron luchando entre sí durante décadas, sin respetar los derechos de sus conciudadanos, en tanto que la lucha por esos derechos fue la primera motivación de las luchas por la independencia en los Estados Unidos.
Fue Juan Bautista Alberdi quien mejor reflexionó sobre la independencia argentina.
Para Alberdi, la revolución por la independencia argentina maduró fuera del país –a diferencia de la norteamericana- y tuvo sus principales causas en Europa. Sin embargo –decía Alberdi-, los historiadores argentinos adjudicaban “a la espada” el mérito por la independencia. Y exhortó a que la Argentina se liberara de sus libertadores.
Alberdi distinguía entre la libertad exterior y la interior. La Revolución de Mayo inició una revolución inacabada e incompleta: la América dominada por una anarquía tan abominable como el imperio exterior.
Mientras a lo largo de cuarenta años la Argentina vive en anarquía y guerra civil, los Estados Unidos avanzan consolidando sus instituciones. Y sienta las bases para que en los siguientes cuarenta años pudiera emerger como potencia continental.
Estados Unidos expandió permanentemente –entre 1776 a 1846- su territorio. Esa expansión estuvo motivada por el sistema esclavista, por la doctrina Monroe y por la idea del “destino manifiesto”, que le otorgó un “derecho divino” a expandirse hacia el Pacífico.
Se anexa Texas, Oregón y, tras la Guerra con México, California, Arizona, Nuevo México, parte de Colorado, Montana, Wyoming.
Dice Alvear, embajador en Estados Unidos desde 1828 hasta 1852: “Los Estados Unidos tenían tres estados cuando declararon su independencia... Hoy tienen 31 estados. Si hubieran cometido la necedad de dividirse en naciones, ¿serían lo que son? Todas las repúblicas de América han tenido el buen sentido de conservar sus límites, incluido México, pese a su revolución y sus guerras, nadie tuvo el propósito de desmembración ni de separación... Entre nosotros (los argentinos) ha sido todo lo contrario”.
Del “mapa” original argentino, y tras las fallidas campañas de Belgrano en 1811 y 1812, desaparece Paraguay. Luego, el Alto Perú (la actual Bolivia). Y en 1828 perdemos Uruguay y las misiones orientales –hoy Rio Grande do Sul.
Las razones del secesionismo, según Alberdi, es que la revolución fue hecha por y para Buenos Aires, y naturalmente contra las provincias.
Por eso la guerra de la independencia derivó en guerra civil. Lo que destruyó primero la autoridad de España y luego, la de Buenos Aires. Y se perdió Paraguay y Bolivia.
Seguimos contándonos una historia vanidosa.
Creemos haber liberado media América. Y es falso. Los españoles recién abandonaron Chile en 1826. Y las provincias del Alto Perú fueron liberadas de España en 1825... ¡por los ejércitos de Bolívar!
Empezamos una campaña libertadora que nunca fue terminada.
También perdimos Uruguay por las divisiones internas entre Buenos Aires y las provincias. Pese a que militarmente Argentina había triunfado.
Dijo Alvear que el fenomenal desarrollo de los Estados Unidos durante sus primeros ochenta años se basó en la existencia de instituciones sólidas que garantizaban los derechos individuales, el carácter emprendedor y la cultura cívica del pueblo norteamericano, la expansión constante de su territorio y el crecimiento sostenido de su población.
Alvear era crítico del “destino manifiesto” de Estados Unidos, de su guerra con México, pero recomienda para la Argentina -en 1852, después de Caseros-, emular el modelo de desarrollo norteamericano. Eso implica promover una Constitución que establezca el sistema republicano y federal, promover la inmigración europea y recuperar la Patagonia.
Esas tres recomendaciones se irían implementando a partir de 1853. Pero a diferencia de Estados Unidos, la Argentina nunca utilizó su fuerza militar para expandir su territorio –la Guerra de la Triple Alianza benefició más a Brasil.
El “cromosoma imperialista” no estuvo en la Argentina tan desarrollado como en Estados Unidos. En sólo setenta años, mientras la Argentina fue disminuyendo su territorio, Estados Unidos casi lo triplicó.
Hubo algunas semejanzas en la evolución de ambos países –Estados Unidos y la Argentina-. Pero desde su origen las diferencias fueron demasiado profundas.
Aún si nuestro país hubiera continuado en la senda de la Generación del ´80, hoy se parecería más a Australia o Canadá que a Estados Unidos.
Decía Alberdi que donde no hay historia veraz no hay política veraz. No se sabe a dónde se va cuando no se sabe de dónde se viene.
Como sociedad, los argentinos seguimos aferrados a una historia contada por la vanidad, una “fábula documentada”.
Esta concepción errónea y distorsionada sobre nuestros orígenes es uno de los tantos obstáculos para definir y plantear nuestro futuro.
El futuro de nuestro país está en nuestras manos. O sea, en nuestros votos.

Sede Central:
Filial Córdoba:
Filial Rosario:
Filial Mendoza:
Filial Tucumán:

Fase Comunicacional