Ciclo de Historia Económica e Institucional

Jueves 29 de Abril | Buenos Aires | 2010

Expositor: Emilio J. Cárdenas, Ex Representante Permanente de la República Argentina ante la ONU.
Con la coordinación y moderación de Ernesto Rey.

Hoy estamos muy lejos de hombres como Luis María Drago, que generaron una doctrina de política exterior.
La Argentina ha ido apagando de a poco su presencia en el mundo. Y encerrándose en su región. Como si no tuviera nada con lo que contribuir. Olvidando a hombres como Carlos Ortiz de Rosas.
Que no se infiera de esto una falta de profesionalismo en nuestros diplomáticos. No es así.
Ya a comienzos de los ´90, Brasil reclamaba un asiento permanente en el Consejo de seguridad de Naciones Unidas. Ello generaría lo que hasta ahora no ha habido en la región: desigualdades en la presencia en el ámbito internacional.
Si los argentinos nos hemos apagado, los brasileños se han encendido.
Ellos mismos confiesan su rol de potencia emergente. Con el mundo como escenario, no con la región.
Brasil ha tenido un rol protagónico en discusiones centrales en el mundo, sobre todo en materia económica, con Celso Amorim.
En el G20 Brasil tiene una opinión que pesa mucho. Lula es hoy uno de los diez hombres influyentes en el mundo.
Los argentinos, no.
Se nos acusa de transmitir sólo retórica. De estar enemistados entre nosotros. Esto en política internacional se paga caro con ausencia en los púlpitos internacionales.
Chile produce su “primer terremoto” con la elección de Sebastián Piñera. Pero a diferencia de lo que habría ocurrido aquí, Piñera ratifica al socialista Insulza como candidato a ser reelecto en la OEA.
En la Argentina, embajadores de carrera muy prestigiosos en el exterior no son reconocidos localmente y caen en el ostracismo.
Ni siquiera nos preocupamos por darle a la carrera diplomática la fuerza que debe tener.
Itamaraty no concibe designar embajadores políticos, salvo excepciones.
Nosotros hemos tenido embajadores en Naciones Unidas que no saben hablar inglés o francés.
Argentina se ha ido encerrando y ha cediendo espacios, mientras se advierte la velocidad con la que está creciendo Brasil.
Cuarenta años atrás, sentíamos que Brasil estaba detrás nuestro, quizás en una visión equivocada. Pero lo grave es que hoy Argentina ni siquiera puede aspirar a un segundo puesto regional.
Nos hemos acostumbrado a que también la política exterior es subalterna de las necesidades domésticas.
Un ejemplo es cuando nuestra presidenta formuló en Roma una arenga –retórica, otra vez- a favor del proteccionismo, en la FAO. Y se quedó sola, acompañada solamente por los países del “eje bolivariano”. Y los 192 miembros de la FAO votaron en contra.
¿Hubo algún debate antes de ese cambio de rumbo? No, sólo un incidente más en el enfrentamiento que entonces el gobierno tenía con el sector rural. Otra vez la política internacional sometida a los avatares de la política doméstica.
Nuestros diplomáticos son de muy buena calidad profesional.
Lo que no está es la conciencia de abrirles horizontes.
Hoy estamos “del brazo de Hugo Chávez”. Ni siquiera a la sombra de Brasil.
Nos asociamos a la lista de los parias de la comunidad internacional. Una lista que incluye a Corea del Norte e Irán.
América latina hoy genera interés en el resto del mundo. Incluso por un cambio filosófico importante: desterrar la inflación y reducir los déficit fiscales. Tenemos disciplina fiscal y tenemos conciencia de cuán destructiva es la inflación.
Esa América latina está hoy dividida: entre moderados y no moderados –los hay de derecha e izquierda-. Y los “no ortodoxos”, que conforman el eje bolivariano, todos cortados por la misma tijera: un rechazo a las economías abiertas.
Dos de los países más abiertos son Chile y Perú. ¡Perú acaba de firmar un tratado de libre comercio con China!
Del otro lado, tenemos países para los cuales la libertad de comercio es una forma de explotación, de sometimiento... ya conocemos esa retórica.
Y hasta tienen esa propuesta del ALBA, que se basa en alinearse con Chávez, para “comer de la mano” del venezolano.
De todos modos, América latina es un continente atractivo.
Chile está por colocar deuda por debajo del 4,65% de interés, como consecuencia de ser una economía madura. Lo que también implica que en una economía madura no hay utilidades demasiado significativas.
La rentabilidad de papeles tradicionales chilenos es la misma que la de sus equivalentes europeos.
Las cosas, sin embargo, no están mal para la Argentina, en la medida en que no insistamos en cometer errores.
Los errores provocan que los países pierdan posiciones en términos relativos.
Siempre creímos tener el nivel de vida más alto de la región. Lo mismo sucedía con el nivel cultural.
Pero si bien el ingreso per cápita nos ubica primeros en 2010, recientes mediciones del FMI indican que en 2011 la Argentina pasaría a ocupar el segundo lugar.
Al primer lugar, el año que viene nos lo saca Chile, si las proyecciones del FMI son correctas.
Las distancias se están acortando. Y hacia el 2014, siempre según las proyecciones del FMI, las cosas se siguen complicando para la Argentina: ya estaremos terceros.
Si la tendencia no se modifica, iremos perdiendo nuestras posiciones relativas.
En los regímenes del eje bolivariano hay una tendencia a desvencijar la democracia, a transformar al poder legislativo en un sello de goma –lo que aquí llamamos “escribanía”. Se trata de manejar al poder judicial, con el objetivo de lograr impunidad.
Esa concentración del poder pronto deriva en un autoritarismo importante, que limita las libertades, infringe la vigencia de los derechos humanos, sumando informes cada vez más adversos.
En el plano económico, proteccionismo y cierre. Y confrontación con los medios.
Combinado con una manipulación feroz de la publicidad oficial. Y la aparición de conglomerados de medios públicos cada vez más fuertes. En algunos casos, como en la red de radio pública boliviana, con financiamiento iraní.
En Bolivia, donde Evo Morales dice haber erradicado el analfabetismo, todavía el impacto de la radio es mucho mayor que el de los medios escritos.
Otro denominador común es que empiezan a mezclarse burdamente las aspiraciones de dominación política con la dominación económica.
Un ejemplo clásico es la Nicaragua de Daniel Ortega. Donde la intimidación es una constante. Y cuya principal compañía petrolera estaría en manos –a través de testaferros- de Ortega.
Hay países que generan una atracción fenomenal. Como Brasil o el Perú actual. Y los hay que no tienen inversión externa porque su decisión es no recibirla.
Pero hay una sensación de viento de cambio en nuestra región, donde en los últimos cinco años predominó la izquierda.
Hay tres elecciones que determinarán si la región vuelve al centro o sigue en la izquierda.
La primera de esas elecciones tendrá lugar el 30 de mayo en Colombia. Parecía muy fácil para el sucesor de Uribe, Santos –ex ministro de Defensa. Quien está mucho más cerca de un empate técnico que de ganar con comodidad al candidato opositor, que fue alcalde de Bogotá.
No creo que esto determine un giro político en Colombia, sin embargo.
Otra elección a atender es la de septiembre en Venezuela. Se dice que esta elección puede ser “su 28 de junio”, comparándola con la nuestra. Hay renovación del parlamento. La oposición está unificada –a diferencia de la argentina.
Si Chávez pierde y respeta el resultado de la elección, habrá un cambio importante en la región. Y aunque no pierda, deberá lidiar lo mismo con una oposición fortificada, con sindicatos y estudiantes en contra, y con una imagen deteriorada.
La tercera elección a observar es en Brasil, donde la popularidad de Lula no parece transmitirse a su sucesora. Carece de carisma. Aunque también carece de carisma José Serra.
Pero Serra acumula una experiencia importante, lo que inclinaría la balanza a su favor. Hoy está a unos diez a once puntos de la candidata del PT.
En América latina todos hemos aprendido que si no ponemos el acento en la política social, toda gestión tiene los días contados. Ya no es una opción ideológica.
Éste es un año entretenido para la observación. Y debemos estar atentos, porque en 2011 seremos nosotros los observados. 

   

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