Congreso Anual

4 y 5 de mayo de 2010

Síntesis de las disertaciones PRIMER DIA

Excepcional nivel de calidad en las ponencias y avidez de los asistentes por la profundización de los temas tratados caracterizaron a la primera jornada del 27º Congreso del IAEF, celebrado hoy en el Sheraton Hotel de Buenos Aires.
La bienvenida, a cargo del presidente de la institución, Martín Ramos, tuvo una densidad conceptual poco frecuente en este tipo de discursos. Ramos abogó por superar la instancia de una Argentina “granero del mundo” y acentuar los perfiles industrialistas, generadores de trabajo, sin por ello resignar la excelente oportunidad que de nuevo ofrece el mundo a la producción primaria y sus derivados. Pidió “respeto a las instituciones”, en el marco de una democracia pluralista, y rescatar la cultura del trabajo, que hizo grande a esta nación, así como regenerar el ascenso social que la caracterizó, a través de un fuerte impulso a la educación. Destacó la importancia de estar reunidos para pensar el mediano y largo plazo, el orgullo del IAEF en reunir en este ámbito de diálogo fecundo a oficialismo y oposición, y la necesidad de atender a un mundo cambiante, donde el llamado BRIC (Brasil, Rusia, India y China) conforman el 50% de la economía mundial.
Tras las palabras de los patrocinadores del Congreso habló Horacio Rodríguez Larreta, quien reivindicó la creación de la policía metropolitana y la puesta en funciones de la misma, aún con sus carencias: “Madrid tardó diez años en implementarla”, recordó.
En un tema sensible para los porteños, la seguridad, anunció que en 2011 habrá unas mil cámaras de seguridad instaladas en las calles (hoy hay apenas una cien), el control de los “cuidacoches” y de los “trapitos”, a los que se asistirá con una política social activa. Infraestructura escolar (hacia una PC por alumno de escuela primaria), así como la creación de un seguro de salud para los porteños que no tengan obra social. El ordenamiento del tránsito, la progresiva eliminación de pasos a nivel y el incentivo al uso de la bicicleta, medio de transporte que hoy privilegian las grandes ciudades del mundo. Siempre en transporte, la continuación de las obras del subte, gracias a créditos internacionales aprobados. Y frutilla del postre bicentenario, la reinauguración del teatro Colón. “En la Argentina del escepticismo demostramos que se puede”, dijo Rodríguez Larreta: “Trabajamos por la ciudad de los próximos 30 años”.
Rafael Bielsa manifestó luego que “la gran asignatura pendiente de la Argentina actual es que tres generaciones de argentinos de bajos recursos no han conocido el trabajo. Cuando no hay trabajo, no hay familia”, dijo, comparando los tiempos actuales con la década del 60, cuando había permeabilidad social y pleno empleo, “y nos enorgullecía ser argentinos”.
Todo empezó a deteriorarse, en opinión del ex canciller, “cuando se dijo que había que sincerar la economía. Se perdieron a partir de entonces miles y miles de puestos de trabajo”. Reivindicó Bielsa el valor de ser, antes que el de tener. Pidió no dejarse tentar por el “providencialismo”, esperar a que llegue alguien providencial: “Estamos atados a un pasado que no termina y a un futuro que no acaba de llegar”. Y pidió respetar la ley, si bien admitió que “nuestra historia no nos ha demostrado que cumplir con la ley fuera lo mejor que pueda hacerse”.
Santiago Kovadlof recordó que “se pregunta sobre los valores cuando su ausencia se hace sentir”.
“Hoy estamos descubriendo la agonía de la naturaleza”, dijo. “Nuestro cuerpo es también el medio ambiente, por lo tanto descubrimos nuestra propia agonía: somos nuestro entorno”.
“Al revés de lo que sucedía en la Edad Media, vivimos en un mundo de una fenomenal interdependencia política, pero de una muy seria fragmentación cosmovisional. No compartimos una visión integrada del mundo, el saber está fragmentado, cada uno en lo suyo, en tanto lo político, en un sentido amplio, es conciencia de la interdependencia. Tenemos muchísimos “facultados” pero muy pocos universitarios. Si prosperara el sentido de interdependencia, iríamos hacia valores solidarios. Progresar no es obtener respuestas unívocas sino resolver problemas pero generando nuevas incógnitas. En la Argentina, nuestra tendencia a la repetición todavía es más fuerte que el impulso hacia la innovación. Las verdaderas preguntas son indelegables, debemos asumirlas”.
Si la Argentina capitaliza su memoria, tendremos hombres y mujeres no pesimistas ni optimistas, sino esperanzados. O sea, aquéllos que en un escenario problemático advierten la existencia de matices alentadores”.
“Tengamos el coraje de soñar, compromiso con lo imposible: seremos lo que podamos aprender”.
En el panel político, Gerardo Morales advirtió sobre el debilitamiento institucional en la región: Venezuela, Ecuador, Bolivia y... Argentina. Temas como los superpoderes, el consejo de la magistratura, la prórroga de la emergencia económica, etc., y un clima de confrontación permanente, sumado a las amenazas al derecho a la información.
La respuesta debe ser democrática y contundente. Habrá que lograr acuerdos de gobernabilidad a mediano y largo plazo. Admitió Morales una “responsabilidad de la oposición”, aparte de la gubernamental: “Estamos bastante desarticulados”, dijo, “debemos generar alternativas”. Y pidió “que no se imponga la cultura del miedo”.
Para Federico Pinedo, que haya una oposición muy plural “es la gran novedad argentina”. Pese a las distintas opciones ideológicas de esa oposición.
Pidió definir nuestra relación con Brasil y con el este asiático, como prioridades de una política exterior que contemple la nueva relación de fuerzas en el mundo.
Defender el estado de derecho y la independencia judicial son temas muy claros de la agenda opositora, en la visión de Pinedo. “Tenemos diez meses de guerra de trincheras por delante”, dijo, en referencia a la agresiva acción de gobierno, “pero de ahí en adelante, el futuro es entusiasmante”.
Este “segundo centenario” es un gran fracaso, dijo Alfonso Prat Gay. “No estamos condenados, ni al éxito ni al fracaso: hagámonos cargo de lo que nos toca”.
Dijo ser muy optimista sobre el futuro: “no tenemos restricciones, como sí las teníamos en el pasado, tenemos errores a corregir. Por ejemplo, la inflación. Porque hay un gobierno que quiere llevarse por delante al Banco Central”. Criticó las restricciones a las exportaciones y a las importaciones; en materia energética “subsidiamos a los ricos”. Dijo que “con sólo un punto del PBI acabaríamos con la indigencia”.
“Debemos desterrar el cortoplacismo, no estamos gestionando bien nuestras capacidades y potencialidades. Hay que acordar políticas de Estado e integrarnos inteligentemente al mundo. Necesitamos una moneda estable y discutir a fondo el sistema tributario”.
Felipe Solá recordó que los políticos con experiencia “no nacimos de un repollo”. Cuestionó por anacrónica a la teoría de la conducción, característica del viejo peronismo. “Los segundos mandatos son siempre mucho peores que los primeros”, dijo. “Se usan políticamente cuestiones del pasado, heridas que habría que cerrar: “O se está con los Kirchner o se está con el Proceso (militar)”, parece ser la consigna del gobierno. “Se generan así situaciones polares, antirrepublicanas, absurdas”.
“Nuestra inserción en el mundo será la que debamos tener y no la que queramos, no es una cuestión ideológica”.
“Hoy en la Argentina, las provincias no pueden planificar: “el único que puede planificar es Kirchner, quien tiene un enorme poder, propio de un país unitario: 14,5% delas transferencias a provincias son discrecionales. Las provincias transfieren 22.000 millones de pesos al estado nacional y reciben sólo 15.000 millones. Con una sola excepción, la provincia de Santa Cruz, que recibe casi el triple de lo que transfiere a la nación”.
En el panel económico, Ricardo Arriazu dijo que el mundo está creciendo a una tasa realista, “se acabó la burbuja”.
“A América latina no le fue tan mal. Pero no alcanza para encarar problemas estructurales, como el de la pobreza. El mundo crecería este año un 4,2%. Incluso España va a crecer. Hoy el mundo volvió a la normalidad.
En tanto, la tasa de ahorro cayó en todo el mundo, por culpa del envejecimiento. La propia China tiene por delante unos diez años más de crecimiento de su tasa de ahorro, antes de empezar a caer.
Es indispensable implementar mecanismos que detecten los riesgos de la innovación financiera.
En riqueza financiera consolidada, la Argentina no cayó demasiado. Pero sucede que exportamos esa riqueza a lugares donde sea menos probable que nos estafen. El dinero que se fue nunca volvió: hoy la inversión en Argentina se financia con retención de ganancias, no hay crédito.
Sólo el sector público debe ajustar, no así el sector privado. El gran desafío es volver a la situación del primer centenario. Hay 200.000 millones de dólares de argentinos en el exterior. Para que regresen es indispensable que se garantice firmemente y de manera sustentable el derecho de propiedad”.
“Los Estados Unidos demorarán entre tres y tres años y medio en recuperarse”, señaló Miguel Bein: “deben crear diez millones de empleos, que son los que se han perdido con la crisis.
La burbuja se produjo por un exceso de apalancamiento, situación que llevará de dos a tres años revertir. La economía norteamericana se recupera remando contra la corriente.
El principal riesgo para la economía mundial son las deudas soberanas: casi no hay país que tenga hoy superávit fiscal, a diferencia de lo que ocurre en nuestra región, donde el crecimiento que se espera ronda el 4,5 al 5%.
A diferencia de Grecia o Portugal, por ejemplo, la Argentina depende hoy mucho más de China e India o Brasil que de Europa.
La Argentina produce hoy el doble de toneladas agrícolas por habitante que en 2003. Toda esa duplicación es exportable (soja), en tanto los precios internacionales se multiplicaron.
Hace varios años que Argentina tiene superávit externo: puede llegar al pleno empleo sin resignarlo. Desde 2007 salieron 38.000 millones de dólares, pero el Banco Central perdió sólo 6.000 millones. Es la primera vez que el Banco Central nos gana la pulseada a los compradores de dólares.
La Argentina pasó del –2,5% hace un año, a crecer tal vez al 6,5%. Con inflación, generada por el creciente gasto público. Habría que evitar que la recaudación vuelva a ser menor al gasto. La Argentina necesita estabilidad macroeconómica. Si la logra, bajo un programa consensuado, la nuestra será otra historia.
Roberto Feletti recordó que el impacto de la crisis global fue mucho menor en los países llamados BRIC. En tanto la Argentina desarrolló su política contracíclica, basada en la expansión fiscal y no en la restricción monetaria.
La recuperación de confianza internacional, a partir del canje de deuda, permitirá nuestra inserción en los mercados.
Reconoció Feletti la aceleración del gasto por encima de los ingresos, como a una decisión política para sostener el consumo. Lo que tuvo un impacto favorable sobre el PBI. “El consumo fue decisivo para sostener la actividad y el crecimiento”, dijo. “Ahora vamos por la inversión y la demanda externa. Por ello necesitamos resolver el tema del default”.
Para Feletti, “la recuperación es muy potente, cercana al 8%, en tanto las estimaciones privadas son todavía más optimistas. La industria tracciona con fuerza en esta recuperación. Y un enorme impacto de la producción agrícola. La deuda conforma un escenario manejable y persiste el equilibrio fiscal.

SEGUNDO DIA

Monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú, abrió las sesiones del segundo día del 27º Congreso del IAEF que se realizó hoy en Buenos Aires, diciendo que el período que va del 25 de mayo de 2010 al 9 de julio de 2016 marca “un tiempo propicio para iniciar procesos”. Citó a Pablo VI cuando pidió “desarrollo integral para todos los hombres y para todo el hombre”.
“Puede haber crecimiento económico sin desarrollo”, advirtió: “Hoy prevalece el paradigma individualista. El desarrollo debe ser sostenido para que exista justicia intergeneracional: que las futuras generaciones tengan derecho al aire puro, al suelo fértil, a la biodiversidad”.
“Nuestra sociedad no ha crecido en felicidad. Hay dificultad de amar. Creció la exclusión social y el sinsentido de la vida. Y asistimos al surgimiento de una esclavitud moderna: los habitantes que sobran, que son desechables.
La pobreza no disminuyó al mismo ritmo que creció el país, no se han realizado los cambios necesarios. La niñez desprotegida es un escándalo que clama al cielo. Hay intemperie social cuando ocho niños por día mueren por desnutrición en la Argentina.
Cientos de miles de jóvenes no estudian ni trabajan, transformándose en presas fáciles del alcohol y la droga.
Las alteraciones del medio ambiente son irreversibles: hay que proteger los recursos naturales, así como estar alertas ante la concentración y extranjerización en la propiedad de las tierras.
Eliminando la pobreza y promoviendo el desarrollo integral de todos los argentinos, un país mejor es posible”.
“No hay desarrollo social sin crecimiento, sin menor concentración de la riqueza y mayor igualdad”, dijo Roberto Lavagna.
“Argentina es un país extraordinario... pero falló su dirigencia”. Destacó Lavagna los recursos naturales y humanos que tiene el país: “Se ha logrado una importante evolución en tecnología, en software –que produce hoy 3.000 millones de dólares por año, con una demanda de mano de obra insatisfecha. También la industria nuclear y las industrias culturales. La producción de estas últimas ronda los 10.000 millones de dólares anuales”.
En 1974, 4 de cada 100 argentinos eran pobres; hoy suman 31 de cada 100. “Algo falla”.
“Estamos en un momento de rectificación y de cambios. Nuestro mal es el cortoplacismo. Es lo que luego nos da sorpresas, como la liquidación de vientres que deriva en escasez de carne para el consumo y la exportación, y lo mismo en temas como la energía o el riesgo país que ha crecido de modo desorbitante”.
“Todo da igual en la Argentina, no se fijan prioridades. Se estatiza Aerolíneas con un costo de dos millones diarios mientras se descuida la nutrición infantil.
Los argentinos no somos el ombligo del mundo, no debemos usar la política internacional para resolver nuestros problemas internos.
El Banco Central tiene hoy la mitad de las reservas que podría tener si se hubiera evitado la fuga de divisas. Y eso sucedió por el deterioro institucional: decretos de necesidad y urgencia, superpoderes, etc.
La distribución discrecional de los recursos del Estado nos transforman hoy en un país unitario. Hay que sancionar una ley de coparticipación y reestructurar la deuda provincial. Y recuperar la ley de responsabilidad fiscal, que el oficialismo borró de un plumazo.
En reforma política, boleta única y voto electrónico son indispensables. En relaciones con América latina, nuestro país debe fortalecer su relación con Brasil, Chile y Uruguay, y tomar distancia del eje chavista.
Sin consumo no hay desarrollo, la Argentina no es China. En Argentina, el consumo interno representa 75% de la demanda de bienes y servicios. Para sostener el consumo hay que aumentar la producción y la productividad, y aumentar la masa salarial.
El superávit fiscal ha sido fundamental para el desendeudamiento, que permite tener bajas tasas de interés y un tipo de cambio autónomo.
En cinco meses, la inflación borró los efectos de la asignación universal por hijo.
Hay que reconocer que no todo ha sido mal hecho, que ha habido brotes verdes, pero que pronto se han marchitado.
El país que somos es mucho menos que el que podemos ser.
En el panel “La Argentina innovadora” disertó el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Lino Barañao.
“Se asocia ciencia con cultura y no con economía. Debemos modificar esa percepción. Cuanto más ricos son los recursos naturales de un país, más asimétrico es el desarrollo, porque no se incentiva el conocimiento.
La importancia de la ciencia se refleja en el Presupuesto nacional, que de asignar 30 millones en 2003 pasó a 900 millones el año pasado. Y al hecho de haber transformado una Secretaría en Ministerio.
Necesitamos un cambio cultural: que el conocimiento se convierta en riqueza, en generador de fuentes de trabajo de calidad. Con un alto nivel educativo se construyen sociedad más democráticas.
El sector productivo debe tomar conciencia, generar productos y servicios basados en el conocimiento. Para ello hay que vincular efectivamente al conocimiento con el sector productivo.
En el mismo panel, Ruth Ladenheim, secretaria de Planeamiento de la misma cartera comentó los cambios impresionantes acaecidos en pocos años.
“El costo de la tecnología se ha derrumbado. Hay que invertir: en plena crisis, Obama aumentó el presupuesto para el desarrollo tecnológico.
En la Argentina, la inversión en investigación y desarrollo tecnológico creció, porcentualmente, más que el PBI. Claro que todavía la mayor inversión la realiza el sector público. Cuando el sector privado sea más intensivo en tecnología, la mayor inversión será de ese sector, como sucede en los países desarrollados.
El Ministerio de Ciencia coordina hoy a todas las instituciones: Conicet, INTA, INTI, etc. Hay 13.000 investigadores y becarios en el Conicet; casi 40.000 investigadores en todo el país. La Argentina es el país con mayor cantidad de investigadores de toda la región.
Repatriamos ya a 745 científicos y tecnólogos. Promovemos la investigación en el sector productivo y gestionamos créditos para la modernización tecnológica.
Nuestro objetivo es lograr una masa crítica de empresas con base tecnológica. En este rumbo, el rol del Estado es fundamental. Tenemos capacidades muy importantes en software y en nanotecnología, así como en biotecnología.
Hay que poner de moda a la ciencia y la tecnología, lograr que los más jóvenes se acerquen a las carreras científicas.
En el panel “La integración en el mundo”, Alfredo Chiaradía recordó el crecimiento casi exponencial de exportaciones e importaciones argentinas, verificado desde 2002.
“En los ´90 hubo poca variabilidad, una suerte de amesetamiento, pero desde 2003 todo cambió. Hubo un gran proceso de aceleración de la inserción argentina: en 2008 el ingreso por inversión directa fue el más alto desde el 2000. Y en un contexto difícil.
Estamos en un proceso virtuoso de inserción internacional. El comercio internacional se está recuperando, aunque no sobre bases firmes, dado el desapalancamiento financiero y la mayor aversión al riesgo.
Cuando se resuelva el tema de los holdouts y el Club de París habrá un fuerte impacto sobre las condiciones en las que Argentina obtenga financiamiento.
El MERCOSUR está vivo: el postergado tema de la unión aduanera se resolvería antes de julio.
Vale destacar la participación argentina en el Grupo de los 20 (G20), con un sostenido énfasis en la integración regional y mundial.
A través del MERCOSUR, avanzar hacia un equilibrio en el mercado interno e internacional. Pero aclarando que el mercado interno es esencial. Por eso no hay que caer en una hiperintegración, hay que mantener el rumbo”.
“La comunidad internacional no tiene herramientas de control”, dijo Rafael Estrella, embajador de España, al referirse a la crisis internacional. Y citó una frase de Machado: Todo necio confunde valor y precio.
“La deuda de España es menos de la mitad de la de Italia. En diez años, España creó 2,5 veces más empleo que Alemania. Y crecíamos al doble del promedio de la Unión Europea.
España apostó por la apertura y la integración: queríamos estar en Europa... tal vez con algo de ingenuidad. Pero esa integración sirvió como palanca de transformación interna.
Faltó coraje para crear un gobierno económico de Europa”.
Anunció Estrella el relanzamiento de las negociaciones de la Unión Europea con el MERCOSUR.
“Frente a la crisis, apostar por más Europa. Y más integración con América latina y MERCOSUR.
“Nuestra capacidad para insertarnos en el mundo sería mucho menor sin integración regional”, dijo Enio Cordeiro, embajador de Brasil.
“Tenemos una visión regional de nuestro desarrollo, un proyecto común, en el marco de un mayor diálogo político.
Quiero destacar la centralidad de nuestra relación con Argentina. El MERCOSUR es una historia de éxitos, tenemos comunidad de intereses. De 7.000 millones de dólares en 2002, el comercio Brasil-Argentina pasó a 31.000 millones en 2008.
Hay desafíos, hay retos... pero no hay riesgos en MERCOSUR. Hoy sería muy difícil pensar la relación entre nuestros países si el MERCOSUR no existiera.
La integración es un destino necesario.
Finalmente, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, dijo:
“Somos el futuro de aquellos patriotas que se sacrificaron hace 200 años. El Bicentenario es algo vital, algo que nos compromete.
En todo este tiempo, la Argentina ha tenido momentos de esplendor y de decadencia, de heroísmos y traiciones... así es la historia de cualquier nación. Lo que ha perdurado es el deseo de vivir juntos en esta tierra.
Hay que trabajar por el consenso en los grandes temas que plantea la Constitución. Debemos convivir atados a ella. Nos hemos “desatado” demasiadas veces. Y así nos fue.
También es necesario el disenso. Pero que sea razonable, eficaz y eficiente, no temer al conflicto, pero no encarnizarnos unos contra otros ante cualquier conflicto.
La agenda del Bicentenario: defender la libertad, respetando la privacidad, amenazada hoy por la tecnología que podría llevarnos a vivir en un mundo orwelliano.
Defender el pluralismo: nuestras sociedades son multiculturales. Y la tolerancia: ya no es posible el pensamiento único.
Trabajar por la igualdad: no puede haber paz en una sociedad donde haya madres que no pueden alimentar a sus hijos, ni padres que no logran una inserción laboral digna.
Y la solidaridad: tenemos, los argentinos, una larga historia de triunfos individuales y fracasos colectivos.
Debe haber previsibilidad, algo de lo que la Argentina ha renegado a lo largo de su historia. La previsibilidad genera confianza y reduce la litigiosidad.
Imprescindible: el estado de derecho. El fortalecimiento institucional es clave en una agenda de mediano y largo plazo, la división efectiva de los poderes. Los jueces no pueden gobernar. Pero sí deben poner límites.
Debemos ir hacia una democracia intensiva, en la que el control ciudadano sea efectivo.
También, ser firmes en la preservación del medio ambiente: no podemos condicionar el futuro de nuestros hijos y nietos.
La enseñanza de estos doscientos años es que no hemos sido muy expertos en la solución de nuestros conflictos. Por eso, la estabilidad de las reglas es lo que debemos defender hacia el futuro.

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