Desayuno de Socios

Jueves 25 de Marzo | Buenos Aires | 2010

Expositores: Dr. Alfredo Gutiérrez Girault y Dr. Rubén Vales.
Expositor Invitado: Jorge Alberto Vasconcelos, Investigador Jefe de IERAL.

Con la coordinación y moderación de Ernesto Rey.

Pese a la recuperación del cuarto trimestre, todavía la inversión sigue cayendo 3,4% en el mismo período. La inversión en equipos cayó fuertemente en 2009.
En los últimos cuatro años hay mayor participación de la inversión pública en la inversión total. Ha crecido fuertemente el gasto público.
La inversión privada ha venido descendiendo al 16,4% en 2009, volviendo a los valores de 2004/05.
Los tres pilares del crecimiento sustentable son inversión, ahorro y productividad. Cuando vemos el peso del sector construcciones y del sector publico en el total de inversiones, queda claro que la productividad en esos sectores es menor a la de equipos durables. Lo que nos presenta un problema para un crecimiento sustentable.
Se necesita ahorro para poder invertir. Y que sean inversiones de calidad, con productividad creciente.
Pero en los hechos, 60% de la inversión va a construcción, de la cual sólo la cuarta parte es la más productiva.
La inversión privada cede espacio al crecimiento de la inversión pública.
Estamos concluyendo un período de recuperación vía utilización de la capacidad instalada.
Sectores que mostraron un crecimiento más vigoroso: automotores, químicos y plástico, y siderurgia. Tienen todavía un margen del 20% para crecer sin necesidad de inversiones complementarias.
Para transitar de la reactivación a un crecimiento sustentable necesitamos mayor inversión.
Mientras el paradigma dominante sea el de un Estado productor de bienes y servicios –como lo fue en las décadas del ´70 y del ´80-, obviamente la inversión pública será alta, porque incluye a las empresas del sector. En la medida que se privatiza, ese componente de la inversión bruta va a caer, produciéndose un aumento de la inversión privada.
Ahora estamos viviendo un lento camino que refleja un cambio del paradigma dominante en el gobierno. El gasto de capital que hace hoy el gobierno está conviviendo con un nivel de gasto social mucho mayor al existente en los ´70.
Esto cierra con un gasto público sobre el PBI del 42%.
Sobre a una presión tributaria muy grande para sostener el gasto social se le agrega el mayor gasto en capital, ¿a dónde llegará esa presión, si se intenta mantener los números fiscales alineados?
En diciembre les sugerí mirar ciertos indicadores para chequear la economía. Las cosas andarían bien si la recaudación fiscal crecía al 18% interanual, el gasto público al 10%, los depósitos al 6%, compras del Banco Central 2.500 millones de dólares, inflación del 3,5% en el trimestre (14% anual), IPI de FIEL 8% y un índice de confianza del consumidor de algo más del 40%.
¿Qué pasó en la realidad?
En el primer bimestre los recursos crecieron 23% y el gasto primario al 30%. Si hacemos la corrección de los recursos extraordinarios, prácticamente no hubo resultado primario positivo. Y el resultado fiscal es de –100 millones de pesos.
Estamos sin resultado primario. O en el mejor de los casos, un resultado primario absolutamente neutro.
El riesgo país es de 650 para Argentina y de 194 para Brasil (datos de la misma semana del Desayuno).
462 puntos de diferencia entre Brasil y Argentina es una cifra alta.
Los índices de confianza del consumidor son también importantes. La tendencia positiva que se inicia en el segundo semestre del 2009 no pudo sostenerse. Las turbulencias del Banco Central le pegan al índice de confianza. Los números de marzo de la Universidad Di Tella revelan una baja. Independientemente de que el consumo siga subiendo: si la gente tiene expectativas inflacionarias, va a seguir consumiendo.
Entre 1.500 y 2.000 millones de dólares habrían salido en el primer trimestre de 2010. Esta salida está concentrada entre la segunda semana de febrero y la segunda semana de marzo. Debería haber ahora una reversión, una compra mayor de dólares por parte del Banco Central.
La desconfianza se llevó una parte importante del superávit de balanza comercial.
El trimestre dio bien en la recaudación fiscal, rojo en gasto público, amarillo en parte monetaria, rojo en compras del Banco Central –aunque con posibilidades de revertirse en el segundo semestre-, rojo en índice de precios.
El escenario general del trimestre “quedó en amarillo”... hubo más turbulencias de las esperadas.
Clara señal de aceleración inflacionaria.
Contumacia fiscal: el gobierno ha reiterado que no piensa bajar el ritmo del gasto público. Eventuales fondos frescos del canje podrían dar algún alivio.
Si se aceleran los precios, el factor monetario podría evitar que continuara la inflación su espiral ascendente.
El canje mejora expectativas.
Hay una idea dando vueltas: que el mundo tiene una oportunidad única para la Argentina. Pero cuando “se disipe la niebla” veremos la enorme lista de tareas pendientes.
No subestimemos su magnitud. Hay que empezar a trabajar en cómo encarar esa agenda.
Habrá que desindexar la economía, por ejemplo.
Me preocupan los escenarios demasiado optimistas, rayanos en la ingenuidad.

Intervención de JORGE VASCONCELOS

Debemos tener un optimismo “no contemplativo”, no un optimismo a secas.
El cortoplacismo argentino tiene que ver con que estamos permanentemente haciendo políticas procíclicas.
Nunca hemos reemplazado a los viejos modelos por algo coherente, consistente.
Hoy, tomar una decisión de inversión en la Argentina es muy difícil. El cortoplacismo es muy negativo. Cuando hay un par de años buenos, los políticos no escuchan razones.
Argentina tiene una trayectoria declinante, desde la década de los ´60.
Ha perdido significación en el comercio mundial.
La Argentina ha perdido muchísimo terreno en productividad. China, Hungría, Corea, en cambio, han avanzado mucho. También Noruega, Australia y Suecia.
El “modelo escandinavo” es una combinación de recursos naturales con economía del conocimiento ha sido exitoso.
La Argentina se mantuvo aislada de la economía mundial. Y lo hizo en el momento equivocado.
A partir de los ´70 empieza la globalización. Permanecer al margen del mundo es la peor de las decisiones de política económica.
La mayoría de las decisiones de inversión, por lo menos en sectores dinámicos de la economía, se toman en red.
Brasil pudo estirar el modelo de sustitución de importaciones mucho más que Chile y Argentina. Por ser un mercado más grande.
Chile abandona en los ´80 ese modelo y empieza a recuperar terreno perdido.
Argentina deja de caer pero no logra sumarse a esa tendencia.
La participación argentina en el PBI mundial cayó de 1,4% a 0,5%.
Si recuperara esa participación, nuestro PBI per cápita sería de 27 mil dólares: estaríamos jugando en primera división.
Si queremos recuperar esa participación, tenemos que crecer al 6.5% acumulativo anual durante los próximos veinte años. Eso implica llevar la tasa de inversión al 27% -hoy ronda el 20%- y duplicar la contribución al crecimiento de la productividad de los factores.
El argentino promedio parece tener dos opciones: o vive en el Gran Buenos Aires, donde la tasa de desocupación es más alta, o vive en las provincias del Norte, con un ingreso de subsistencia pagado por el Estado.
Ése es el mercado de trabajo argentino.
Si no se resuelve este problema, no creceremos al 6,5%.
El país debe integrarse a las cadenas de valor globales. La industria automotriz es el mejor ejemplo.
Requiere un mix de política fiscal y monetaria consistente con la estabilidad de precios y con los incentivos a la inversión.
Argentina ha subido su tasa de ahorro. El problema es evitar que ese ahorro se vaya del país.
La política social es crucial: capacitación, educación, etc.
Me sorprendió que el reciente subsidio universal por hijo se reflejara en un aumento de la matrícula escolar, lo que demuestra la importancia de estas políticas en un país que ha evolucionado tanto como la Argentina.
Se requiere un salto hacia la formalización de la economía.
Y un plan de infraestructura. La Argentina no necesita sólo reglas de juego: con Adam Smith solo no solucionamos los problemas. Se necesita un envión inicial. Y la inversión en infraestructura es clave.
Plantear esto hoy no es voluntarismo.
El cambio de contexto regional, la integración de distintas regiones argentinas con otras regiones de países vecinos sin pasar por Buenos Aires es hoy posible.
La estabilidad de precios es clave.
Cuando en Chile asume la concertación, en 1991, tenía una inflación del 25% anual. Ocho años después era del 6%.
Independencia del Banco Central, firmeza en la política fiscal, fueron “las recetas” de Chile.
La moneda chilena se apreció fuertemente.
Un plan de estabilización en Argentina tendría esas implicancias. Lo que habrá que discutir mucho. Habrá que ofrecer muchos instrumentos a los empresarios, para competir de un modo distinto al que implica un diferencial cambiario.
Si no se resuelve el problema de los precios relativos se seguirá ampliando la brecha energética.

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