Ciclo de Análisis Económico, Social y Político

Martes 16 de Junio | Buenos Aires| 2011

Expositores:
Patricia Bullrich, Diputada Nacional
Federico Pinedo, Diputado Nacional

Patricia Bullrich

El principal problema argentino es su matriz de organización política. Es la forma en que genera y administra los fondos, las relaciones federales, los servicios, la justicia…
Se habla mucho de una república abstracta. Pero Argentina tiene que desatar los nudos de un estado cada día más “corporativizado”, con comportamientos mafiosos.
Así el Estado deja de lado sus funciones específicas para generar espacios corporativos que se apropian del Estado. Y construyen cotos cerrados. Esto se ha profundizado fuertemente en los últimos ocho años.
El Estado no funciona, está paralizado. Las decisiones están centralizadas al máximo. En una sola cabeza.
Hay de “desmafializar” al Estado argentino. La matriz actual deforma toda decisión política.
El regreso a la república no es una abstracción: se trata de desmalezar al Estado. Hoy, la lógica cultural corporativa se ha ido extendiendo. Está en las escuelas, en las universidades, en las organizaciones sociales, etc.
Si Argentina sigue con esta estructura de poder, seguiremos sin reglas, sin ley, sin federalismo, con autoritarismo, con “amigos del poder”, con decisiones arbitrarias, con subsidios discrecionales. Una realidad que se reproduce en barrios, villas, en las redes de narcotráfico, con fuerzas de seguridad corruptas.
75% de votos en La Rioja, por ejemplo: el mismo porcentaje de empleo público en esa provincia. El ciudadano se convierte en cliente. La extorsión como política de estado.

Hay una primera tarea en la Argentina: “desmafializar”. Desestructurar esta lógica que domina a las instituciones.
No es un cambio formal. Hay que tener equipos de gente decidida a limpiar de verdad las instituciones. La Argentina necesita limpiar el terreno para poder sembrar, desmalezar.

Hoy el mundo es bastante híbrido en sus modelos. No hay “modelos puros”.
El gran cambio mundial genera oportunidades. Pero la Argentina no tiene hoy la capacidad de aprovecharlas. Así no se puede avanzar.
Estamos trabajando muy fuertemente en seguridad, en economía (con Prat Gay). Pero más que todo ello, la Argentina necesita construir una matriz sobre la que circule un país donde la corrupción, la mafia, el favoritismo, la lógica corporativa, desaparezcan.
No es normal que un camionero gane tres veces más que un docente o que un policía: esto genera distorsiones.

Al no identificar alternativas, generamos reproducciones de aquello que queremos combatir. Por eso creemos que un gobierno corrupto es el único posible: la profecía autocumplida.
Es cierto que fracasó la Alianza. Pero todos los radicales se fueron antes…
Hay un partido que “se va antes” y otro partido que genera exceso de poder.
Y hay un intento permanente de terceras fuerzas por romper esa lógica: Frondizi, Alzogaray, Alende, Chacho Álvarez, Illia… no pudieron romper esa lógica. Y acabaron subsumidos en las dos grandes fuerzas.
El problema no es el bipartidismo, sino la cerrazón de las respectivas fórmulas. El sistema político no funciona en estas condiciones.
En las provincias no hay diferencias, gobiernen quienes gobiernen. Las provincias gobernadas por el radicalismo no son diferentes a las gobernadas por el peronismo.
El sistema político argentino necesita una fuerte oxigenación de una tercera fuerza que quiebre una cultura política que ha generado esta grave realidad: hoy estamos más autoritarios, con mayor manipulación, con menor respeto a la ley, con todas las lacras.
Argentina necesita un gobierno que se anime a desatar estos nudos: un modelo sindical que pone en jaque a la gobernabilidad, un modelo de relaciones entre Estado nacional y provinciales que someten a estas últimas, y las provincias someten a los municipios.
Hay que eliminar el clientelismo en las políticas sociales. Subsidios que se reemplazan por empleo. Reivindicar la cultura del trabajo.

Si hubiese libertad sindical, habría sindicatos moderados. Nadie quiere un sindicato que cierre la empresa –como sucedió con la empresa Kraft, el año pasado.
Los medios que manejan los sindicatos argentinos están fuera de control. Se necesita un sistema de transparencia y de control, que evite el enriquecimiento de los dirigentes.
Hay que prohibir la cuota sindical compulsiva que hoy pagan las empresas.
La Argentina necesita un sistema de salud, no puede haber una multiplicidad de “subsistemas”. Hay que armar un modelo integrado de salud. ¡Hoy existen 30 mil administraciones!
La CGT no puede ser un partido político, donde la lógica partidaria está por encima de la participación y el respeto a la pluralidad. No podemos seguir teniendo “una CGT peronista”.
Hay mucho trabajo para la justicia.

Estuve en Brasil: la policía dura limpia a las favelas de narcotraficantes.
La Argentina es número uno en el tema narcotráfico.
La Argentina necesita limpiarse. Como el Riachuelo. Ésa es la gran tarea que debemos emprender los argentinos.

Federico Pinedo

Hoy los políticos argentinos se han transformado en una corporación. En gente que trabaja para sí misma.
El caso más tremendo o visible es el de Santiago del Estero: se fue un caudillo duro como Juárez pero hay hoy un “caudillito” que hace exactamente lo mismo: el radical Zamora. No hay democracia en el sentido moderno. Hay obra pública, clientelismo, aceptación por parte de los sectores más ricos de la provincia.

En la Argentina ha sucedido algo interesante: la unidad de la oposición al kirchnerismo, desde 2008 en adelante.
Descubrimos que podíamos conversar, que podíamos confiar unos en otros, comprendimos cómo se construye desde la diversidad. Y descubrimos que las coincidencias son mayores a las disidencias.
El año pasado se aprobaron proyectos muy importantes: contra los superpoderes, el del Indec, el de limitación de los DNU, el final de las facultades delegadas… todo se logró con trabajo y calidad política, sin extremas dificultades.

El futuro de Argentina, más allá de alguna dificultad, tenderá a ser un futuro de gobierno de coalición.
Las coaliciones –en Alemania, por ejemplo- pueden darse entre socialistas y conservadores, buscando el consenso mayoritario. Construir mayorías es el sistema democrático.
Hoy tenemos un partido de gobierno que apuesta al enfrentamiento, al no diálogo, a la imposición, a la hegemonía. Y eso no tiene futuro.
Creo que es la definición de populismo: entregan el futuro, a cambio del presente. Pero lo malo para ellos es que el futuro llega. Y hoy los kirchneristas deben resolver los problemas que crearon: subsidios, inflación, inseguridad, etc.

Es imposible que el kirchnerismo obtenga mayoría en Diputados de nuevo. Si la mantenemos los opositores, el gobierno no podrá pasar más leyes sin consenso, como lo hicieron en 2009, antes que los nuevos diputados pudieran asumir.
Tampoco la oposición podrá derogar otras leyes, ya que en el Senado el oficialismo tiene mayoría. Es un empate institucional.
No es un sistema sustentable.

Podemos empezar a pensar en el futuro. En las enormes necesidades que tiene la Argentina.
Argentina tiene un déficit extraordinario de infraestructura –ffcc. Rutas, puertos-, de integración con los países vecinos.
Hoy no hay restricciones de capital. Las falencias pueden subsanarse con capital barato y abundante.
El plan de infraestructura necesario en Argentina eliminaría la desocupación. Y está estrechamente relacionado con sus relaciones exteriores. Una Argentina vinculada física y jurídicamente con los países vecinos se transforma en una nación de las más privilegiadas de la tierra.

Tenemos que resolver temas económicos. Uno, eterno: la solvencia fiscal de largo plazo. Para que el fisco no desestabilice a la economía.
Hoy se han fugado 60.000 millones de dólares, en el ciclo económico de mayor auge. Y entramos de nuevo en el déficit y en la inflación.
Las instituciones son fundamentales. El valor de la moneda, la independencia del Banco Central –Marcó del Pont informa que emitió 38% de moneda más, el año pasado. Sin instituciones no hay vida civilizada ni progreso posible.

En el tema político, tal vez estemos en un momento histórico que hoy no podemos apreciar.
El radicalismo llegó a sacar el 3% de los votos nacionales para una elección presidencial. Y el peronismo necesita de tres opciones distintas. Es la destrucción del sistema político.
El Estado es la única institución política en la Argentina.

Faltan liderazgos. No hubo liderazgos que hicieran de la coalición un valor. Hubo liderazgos muy personalistas y menos generales.
Es una situación ridícula: tenemos los votos pero no están los dirigentes.

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