Desayuno de Socios

Jueves 29 de marzo | Buenos Aires | 2012

Expositores: Alfredo Gutiérrez Girault y Rubén Vales
Expositor Invitado: Hernán Lacunza.
Coordinador: Ernesto Rey

Tipo de cambio real bilateral peso/dólar, tomando diciembre de 2001 igual a 1.
En diciembre de 2009 estábamos en 1,48.
Dos años después, estamos en 1,17 aproximadamente. Sigue la apreciación de la moneda local.
Estamos muy cerca de la convertibilidad. Y del final de la “tablita cambiaria” de los ´80.
La experiencia indica que las salidas de estas situaciones han sido traumáticas.

Respecto del real, el tipo de cambio se ha ido depreciando, aunque en el último año también el peso se apreció frente al real.

Tipo de cambio multilateral: tenemos un tipo de cambio real multilateral en un punto intermedio entre el real y el dólar.

De 2010 a 2011 siguió mejorando el indicador de términos de intercambio: de 140 a 149.
Estamos en una posición similar al “pico histórico” de 1948.
En 2003 empieza el período de mejora de los términos de intercambio –que algunos llaman “viento de cola”.

El saldo de la cuenta corriente sobre el PBI en 2011 ya da negativo en el cuarto trimestre.
En apertura de la economía –y considerando restricciones a las importaciones-, el indicador seguirá bajando. Se ha alcanzado un techo y es probable que iniciemos un período de cierre de la economía, claro que partiendo de volúmenes elevados.
La historia económica debe servirnos para interpretar y enfrentar las situaciones actuales.

Hay un proceso de agotamiento del crecimiento de la economía.
El problema es una restricción fiscal “interesante”. Se va degradando, pese a una tasa de crecimiento importante y con pleno empleo.
No hay política anticíclica.
En 2009 el gasto creció 25%, 33% en 2010, 35% en 2011. No es extraño que con la desaparición del superávit fiscal haya desaparecido el superávit en cuenta corriente.
En el primer bimestre de 2012, gasto primario crece 32%. Se va profundizando el problema de los desequilibrios fiscales. Hay un agujero que de alguna manera habrá que tapar, lo que nos lleva al tema del Banco Central y la reforma de su carta orgánica.
Las necesidades de financiamiento sumarían unos 25 mil millones de dólares.
El superávit de cuenta corriente de 2011 (170 millones de dólares) también ha desaparecido. La cuenta corriente del primer trimestre va a dar un número “tirando a neutro”.
El modelo no resiste la presencia de un doble déficit porque termina comiéndole las reservas.
Los mecanismos de control tratan de compatibilizar una restricción externa con el objetivo de mantener alta la actividad. Cuando los inventarios desaparecen estamos en problemas, más aún en un contexto de alta discrecionalidad.

Reforma al Banco Central: no todos los adelantos transitorios han tenido efectos monetarios.
Pero en 2008 hay un corte. Desde entonces, comenzaron a crecer rápidamente. Esto va relacionado con el deterioro del resultado fiscal. Y tiene impacto monetario. También tiene efecto sobre caída de reservas.
Con pleno empleo y una economía que se cierra, las inyecciones monetarias terminan en suba de precios y caída de la demanda de dinero, que aumenta su velocidad de circulación.

Las reservas reales estarían en unos 38 mil millones de dólares.
El nivel óptimo de reservas depende de las circunstancias. Implica por lo menos un moderado nivel de defensa frente a eventuales desafíos.
El intento de quebrar la restricción tiene que ver con una política monetaria expansiva.
Si renunciamos a la función estabilizadora de la venta de dólares del Banco Central, cabe esperar mayores presiones sobre precios y gasto fiscal.

Prefería el formato de elección de autoridades prevista en la carta orgánica anterior. Tampoco me tranquilizan las funciones que la nueva carta orgánica le asigna al BCRA como objetivo.
Me inclino, en cuanto funciones del Banco Central, por la defensa de la estabilidad monetaria.

HERNÁN LACUNZA

La economía argentina no está amenazada por ninguna “plaga” inminente. Ha crecido de modo sostenido. Los márgenes fiscales son razonables. Hay nivel de reservas razonables y los bancos están solventes. Estamos cerca del pleno empleo.
Pero sí tenemos una moneda mucho más vulnerable. Somos mucho más sensibles a los precios de los commodities. Parte de esto es un proceso natural y parte, de decisiones equivocadas. Una economía vulnerable a la soja o a las devaluaciones de Brasil no es estimulante.
Empiezan a aparecer los dilemas de la escasez. Se acabó lo de “administrar la abundancia”. Incluso el conflicto de 2008 con el campo tuvo su origen en la abundancia: nos llovían divisas y la cuestión es quién se las apropiaba.
Diferente es la administración de la escasez. Bajar subisidios, cortar demanda de dólares, etc.

Es bien distinto usar stocks (en este caso, del Banco Central) cuando se tiene una contingencia que cuando uno se va de vacaciones a Disneyworld…
Si estoy gastando el 35% (gasto público), me estoy yendo de vacaciones…

El gobierno jerarquiza sus objetivos. El primero, que no le falten dólares. La historia argentina muestra que cuando faltan dólares, a los gobiernos se les complica la situación.
Buena parte del capital político del gobierno está asociada al ciclo económico. Por eso ahora toma el Banco Central…

Reprimiendo la demanda, resuelve el problema… transitoriamente. Nada de lo que hace es gratuito. El problema es la escasez. Si reprimo importaciones, me cortan insumos.
No es lo mismo que no permita comprar dólares al 10% más rico de la población, a que haga lo mismo con los taxistas, por ejemplo.
Las restricciones generan adicción.
Si baja los subsidios, genera inflación y baja el consumo. Todo está relacionado. Nada es gratuito.

La fuga de capitales en 2011 explotó a 22 mil millones de dólares. No cayó la oferta –fue de 16 mil millones de dólares- pero cayó. Queda un déficit de 6 mil millones de dólares.
Éste es el origen de las medidas que empezaron a tomarse en octubre del año pasado.
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central es el corolario de esas medidas.
Hoy el gobierno paró la hemorragia y estamos en terapia intensiva…

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