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32º CONGRESO DEL IAEF

Como cada año, la ciudad de Buenos Aires fue el ámbito elegido por el IAEF para celebrar su Congreso. Destacados analistas de la economía y la política concitaron la atención de un auditorio que desbordó las instalaciones del hotel Sheraton, tanto en la primera como en la segunda mañana de deliberaciones. Aquí, una síntesis de lo expuesto.

MIGUEL KIGUEL
Hace cuatro años, con la implantación del cepo cambiario, el gobierno tuvo su punto de inflexión. Fue su gran error.
Se viene un ajuste. Aunque esta vez puede ser diferente. Hoy la Argentina tiene un bajísimo nivel de deuda y el ajuste estaría compensado con el ingreso de capitales y la inversión. ¿El riesgo? La inflación.
Desde 2011 la economía se frena, no genera trabajo: los números desmienten la sensación de que la economía funciona.
El contexto internacional y regional es difícil. El “súper dólar” nos afecta. Y también China, que dejó de crecer a dos dígitos: se “argentinizó”. Los precios de la soja y del petróleo están en baja y Brasil está complicado.
En materia cambiaria, la Argentina no está hoy mucho mejor que en 2001. Hay retraso cambiario. Algo habrá que hacer. Las reservas son escasas y la inflación es un problema importante. El déficit fiscal ronda el 6% al 8%. Hay que bajarlo, no existe alternativa.
La pregunta es: ¿gradualismo o shock? Ambas opciones son válidas. Hay mucho dinero que quiere entrar pero no lo hace si el dólar sigue atrasado. Hay que corregir rápido. Eliminar el cepo a las importaciones: faltan insumos. Así no se puede crecer. Hay que resolver el tema de los holdouts. Hay que negociar. Pero desde la fortaleza. Lograr que acepten una quita importante. Y hay que bajar la inflación pero no a cualquier costo.
Ninguna opción deja de tener riesgos. Pese a todo, el bajo endeudamiento de la economía es un punto importante a favor. El sistema bancario está sólido en dólares. Tales condiciones juegan a favor de una devaluación exitosa.

MARCO LAVAGNA
El PBI de 2014 fue menor al de 2001. Y sigue cayendo, junto a la productividad de la economía.
El tipo de cambio retrasado es sólo uno de los factores que conspiran contra una recuperación. Cae la institucionalidad y crece la presión tributaria. Y la burocracia. El mercado laboral está fragmentado.
El sistema financiero está sólido pero no promueve la inversión productiva. Las restricciones cambiarias afectan además el ingreso de nuevas tecnologías.
Pero no hay “bombas de tiempo”.
La tentación oscila entre un ajuste rápido o un “maquillaje”, mientras lo que necesita Argentina es un shock de inversiones. Y cambiar la matriz institucional (recuperar la autarquía del Banco Central, por ejemplo): respetar la división de poderes, dialogar, cambiar o derogar la ley de abastecimiento.
Hay que poner a la inflación en el centro de la discusión. Eliminar el cepo. Reducir el impuesto a las ganancias al trabajo y a las pymes.
Hay que consensuar el corto plazo para luego discutir el largo plazo.

FEDERICO STURZENEGGER
El año próximo la Argentina volvería a tener acceso al crédito internacional.
El kirchnerismo redujo de modo impresionante el nivel de la deuda, que pasó del 100% al 10% del PBI. Algo absolutamente inédito. Y si bien desde 2012, año en el que llegó a ese piso, subió hoy al 20%, sigue siendo un nivel de deuda extraordinariamente bajo.
Hoy el gobierno se financia con inflación: hay que sustituir el impuesto inflacionario. El gran desafío es la gestión del gasto público, que hoy trepa al 40%. Y es ineficiente.
Y en materia de financiamiento, basta decir que YPF se financia al 9% mientras Petrobras, con todos los problemas que arrastra, lo hace a la mitad: 4,5%.
Es necesario un shock institucional. Terminar con la cooptación de medios de prensa. Y tenemos por delante un desafío sicológico: no aceptar la lógica de la división. Esto es fundamental: si no podemos celebrar el disenso, no podremos construir una Argentina diferente.

JORGE ASÍS
Cualquiera de los tres candidatos a la presidencia que triunfe –Macri, Massa o Scioli- será un adelanto para la Argentina. Hoy Scioli es el más aventajado. Massa y Macri libraron “la batalla por los radicales”, que finalmente ganó Macri. Lo grave de Massa no es su derrumbe, sino haberse alucinado con la idea de que desde una intendencia podía saltar a la presidencia.
Lo que más importa en la actual lucha política no es diseñar una política de estado sino quedarse con el poder. Y en esa carrera quedan sólo dos competidores: Scioli, si supera el “efecto Randazzo”, y Macri, si no lo afecta su “pureza ética selectiva”.

SANTIAGO KOVADLOFF
El gran interrogante que genera Scioli es si seguirá con su ambigüedad y, en caso de ser electo, si podrá actuar por fuera de Cristina.
Lo que perjudicó a Massa fueron sus alianzas precipitadas. En tanto Macri desconfía de todo lo que venga del peronismo.
El electorado está más asustado que entusiasmado.
¿Qué pasaría si Scioli se rebelara?
El dilema de Macri es alcanzar representación nacional.
Mientras tanto, asistimos a una total ausencia de debate entre los candidatos. No tenemos partidos políticos reales, tenemos figuras políticas.
Hacia adelante, ¿qué podemos esperar? Moderadas transformaciones.

CARLOS PAGNI
La Argentina dinamitó en 2001 su sistema partidario. Y las consecuencias están a la vista. Tenemos una democracia poco competitiva, con patologías y desviaciones.
Estas anomalías dan lugar a las fantasías hegemónicas. La oposición tiene ante sí el desafío de recomponer el equilibrio de poder. La radicalización del gobierno es la consecuencia de los 37 puntos de diferencia con los que Cristina Fernández ganó las elecciones de 2011.
La agenda del kirchnerismo nace de sus conflictos con la prensa, con la justicia, con los empresarios y con los sindicatos. Pero la incógnita que ahora se les presenta es Daniel Scioli, quien vivió 12 años en la carpa de los talibanes sin haberse convertido él mismo en talibán.
Lo que distingue a CFK de sus oponentes es que mientras estos últimos recitan textos inconvincentes, la presidenta cree en lo que dice. Ella no se baja del poder aunque concluya su mandato: piensa mantener un poder caudillesco. Necesita conservar la provincia de Buenos Aires para, si gana Macri, sostener la tensión con la Casa Rosada. Mientras tanto, con su virulencia, Randazzo obliga a Scioli a radicalizarse.
Macri se aleja de Massa desnudando los componentes de continuismo que tiene el Frente Renovador. Su pretensión es diferenciarse de la dirigencia política en general. Y ése es el gran riesgo que asume.
¿Hay negociación entre Macri y Massa? Todo indica que el panorama electoral marcha a la polarización. Si gana Scioli, le sucedería lo que a Dilma en Brasil. Dilma cambió en 180 grados su política económica, para lo cual debió traicionar sus promesas electorales. Para hacer lo mismo, Scioli debería traicionar a Cristina.

RICARDO LORENZETI
¿Por qué no hay consenso y diálogo en la Argentina? No voy a referirme a la coyuntura. Pero tenemos una larga experiencia histórica de fracasos consesuales. La división entre unitarios y federales nunca se superó.
República y populismo son dos modelos irreconciliables. Los derechos fundamentales están fuertemente atados a la división de poderes. Las mayorías requieren límites para que no se cometan excesos.
Los problemas argentinos actuales son de larga data. Pero no se solucionan: se trasladan de año en año y de década en década.
Faltan políticas de estado. Las naciones fracasan por la ausencia de consensos básicos. La concentración de decisiones no puede funcionar en sociedades multiculturales y dinámicas. Deberíamos ir hacia una democracia deliberativa. Favorecer el encuentro de las posiciones diferentes. Para ello es indispensable sostener la división de poderes. Necesitamos descentralizar las instituciones, promover un modelo ascendente y saber conducir la diversidad. ¿Estamos dispuestos al cambio institucional?
Las políticas de estado deben estar fuera de los incentivos electorales. Los populismos prometen beneficios actuales y ocultan los costos futuros de esos beneficios.

GUSTAVO CAÑONERO
La actual política económica no puede seguir. La buena suerte internacional no nos va a acompañar en los próximos cuatro años. El mundo está muy complicado.
Países centrales: lenta recuperación. Los actores económicos se han vuelto más prudentes. Estados Unidos está hoy en niveles pre-crisis: crece entre 2 y 3%, pero con dudas. La FED no sube las tasas, a diferencia de lo que habría hecho antes en estas circunstancias. Pero el mercado espera que la FED se equivoque. Hay pesimismo. Y una excesiva oferta de ahorro. Hay riesgo de burbujas. Las tasas van a seguir bajas y la economía no va a crecer mucho. A ello se suma la inestabilidad del mercado financiero y un dólar fortalecido.
El actual no es un buen escenario para los países subdesarrollados. No ayuda la lenta recuperación europea y aunque Japón esté funcionando, está lejos. China revela una tendencia preocupante. Su decisión es evitar que la economía se acelere. Crecería entre 6 y 7% durante 2015.
América latina preocupa. La época de bonanza en los precios de commodities no fue bien aprovechada. Todos los países de la región adolecen de un exceso de capitalismo de estado. Brasil entra en un severo ajuste por dos o tres años.
Es muy difícil que la actual política económica argentina se sostenga, gane quien gane las elecciones. Lo único que alivia nuestra situación es el bajo endeudamiento de la economía. Pero los llamados “fondos buitre” están muy activos. Por eso un cambio de política es imprescindible. Macri entiende la situación. Scioli también, pero…

MIGUEL ÁNGEL BRODA
El ministro Kiciloff es astuto y perverso.
Los desequilibrios macro aumentaron más en 2015 que durante toda la época kirchnerista.
En el mundo se observa una sustancial caída del crecimiento: del 5 al 3%. En tanto América latina se comporta como la peor región del mundo. Con crecimiento negativo durante el último trimestre.
La FED va a aumentar la tasa y el dólar seguirá creciendo. En tanto, los precios de commodities seguirán cayendo.
Brasil viró su política económica 180 grados. Pero los mercados no le creen.
El déficit fiscal argentino creció 50% en un año. La expansión monetaria alcanza al 35%. El peso se apeció 36% en un año. Y el retraso tarifario es cinco veces mayor al promedio anterior.
En esta última etapa, se le sigue “dando a la bomba”. La economía crecería al 1%. La inflación esperada cayó del 41% al 27%. Las reservas suman 34 mil millones de dólares. Hoy la economía ayuda al oficialismo.
El “plan astuto” de Kiciloff ha tenido éxito. Llevamos tres trimestres de crecimiento. Aunque hayamos estado cuatro años estancados. Todos los índices son positivos. Por eso “estamos de fiesta”. Aprovechémosla… que no dura. El déficit fiscal primario llega en 2015 al 9% del PBI.
La actual es la segunda apreciación más fuerte del peso. Deberíamos devaluar 69% para restablecer el equilibrio. Pero no es esperable que ninguno de los candidatos tome esta decisión: el ajuste nominal que ambos candidatos implementarían no superaría el 15%.
La “mejor herencia” que nos deja el kirchnerismo son sus errores. Que han pisado el PBI.

GRACIELA RÖMER
Los tres candidatos son producto de la crisis de 2001 y sus discursos están basados en el miedo del electorado. La brecha que, como en 2011, se produjo entre ganadores y perdedores, es un riesgo para una democracia normal.
El error de Massa es haber pretendido ocupar el sendero del medio entre Scioli y Macri, cuando el que ya lo ocupa es Scioli. Y la gente le cree a Scioli, pese a la oposición del núcleo duro del kirchnerismo.
La imagen de Cristina ha crecido mucho y supera ya el 45%, en el contexto de un electorado conservador.
El FPV cuenta con un 40% de intención de voto, frente a una oposición que lo sigue con menos del 10% de diferencia, en tanto Massa cuenta con 10 a 12% de intención de voto.
A quién favorecerían Massa y sus votantes en una segunda vuelta, es todavía un interrogante.

ZULETA PUCEIRO
A 32 años de la recuperación democrática, el sistema político argentino funciona. Hay una nueva generación de dirigentes, a los que caracteriza su experiencia en la gestión. Y el sistema judicial se está renovando.
Por primera vez en ocho años, la opinión pública que aprueba el desempeño de Cristina supera a los que la cuestionan.
Scioli contaría hoy con 32% de votantes, Macri con 29,9% y Massa con 13,6%  -Massa casi no tiene votantes no peronistas.
El crecimiento electoral de Macri se estanca a partir del acuerdo con la UCR (Congreso radical de Gualeguaychú, en marzo).
Scioli llegaría hoy primero al 45% de los votos. Pero en un balotaje, Macri lo superaría con 47% contra 42% de Scioli.
Ocho de cada diez votantes argentinos son independientes.
En Ciudad de Buenos Aires, Rodríguez Larreta cuenta con 39% de intención de voto, Lousteau con 33% y Recalde con 14%.
En Santa Fe la situación es compleja para Del Sel, en situación de empate con Del Sel.
El gobierno nacional no quiere irse, quiere ganar. Y la gente lo apoya: por primera vez en 32 años, el país no está al borde del abismo. Se vota gestión.
La corrupción no es un tema determinante. La gente no quiere que todo termine mal.

SERGIO BERENSZTEIN
Los partidos de gobierno en América latina van a elecciones y ganan. Ésa es la tendencia de los últimos años. En la Argentina es probable que, con una oposición fragmentada, el fenómeno se repita.
Los principales candidatos a la presidencia son parecidos.
La discusión pendiente es qué capitalismo podemos tener. Cómo abrir la economía sin perjudicar a las pymes y al trabajo.
También debe discutirse qué nivel de gasto público vamos a tener y cómo lo vamos a financiar.

MARCELO LONGOBARDI
Tengo serias dudas de que la imagen de Cristina sea tan alta como se afirma. Y también tengo dudas sobre la duración del actual “veranito económico”.
De los tres candidatos presidenciales, el que más fácil la tiene es Daniel Scioli. La discusión gira en torno a por cuánto le gana a Randazzo.
El PRO está obligado a hacer un buen papel en Santa Fe y en Córdoba. Massa le va a complicar a Macri la adhesión electoral en provincia de Buenos Aires.
Que gane quien gane, Cristina vaya a “gobernar” igual es una opinión discutible. Ya Urtubey en Salta le avisó que, al menos para el goberbador salteño, no hay doble comando.
Y no es aventurado anticipar que a mediano plazo la coalición kirchnerista vaya a fracturarse.

 

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