RESUMEN

10º CONGRESO CORDOBA

En la ceremonia inaugural, Osvaldo Giordano, ministro de Finanzas de Córdoba, anunció “un plan de infraestructura inédito para la provincia”, a la vez que bregó por la necesidad de “la reforma laboral y la coparticipación federal”.
Cerrando la ceremonia, Carlos Levy tuvo elogiosos conceptos para “la buena gestión” del gobierno nacional, aunque advirtió que “el crecimiento económico es una tarea pendiente”.

Ya en el desarrollo de las sesiones del Congreso, Alejandro Catterberg dijo que “se está reequilibrando el sistema de partidos políticos: el PRO le da una nueva voz a la clase media”.
El de Cambiemos es un gobierno débil, forzado a negociar constantemente: escasos sindicatos lo apoyan y sólo 5 provincias tienen el mismo color político. Mientras tanto, el peronismo está preocupado por resolver su liderazgo interno.
Destacó el orador que la edad promedio de los intendentes ronda los 40 años: “se trata de una generación formada en democracia, sin la carga del mundo bipolar de la década del ´70. El gobierno nacional tiene la posibilidad de captar el voto peronista, clave para avanzar sobre sectores del Gran Buenos Aires. María Eugenia Vidal tiene la mejor imagen del país: honesta, fuerte y sensible.”
Cristina Kirchner juega a favor del gobierno, según Catterberg. Aunque si desaparece de la escena, podría complicarlo. Su fortaleza podría frenar la transformación en marcha, a la par de sembrar desconfianza en los inversores. Al votante de Cambiemos lo impacienta que CFK no esté presa. Por su lado, Elisa Carrió es permanente preocupación para el gobierno por su tendencia a hacer lío.
El Congreso no va a cambiar en su estructura: la agenda legislativa seguirá sometida a negociaciones. Cambiemos ganaría entre 6 y 7 senadores, y entre 12 y 15 diputados.
Y si bien el 54% de argentinos cree que “el año que viene van a estar mejor, sólo el 15% cree que la economía está bien”.

Andrés Cisneros advirtió “un fuerte crecimiento del populismo en el mundo. Esto sucede al big bang de soberanías nacionales en Asia y África: a menor soberanía política, mayor soberanía económica”.
El mundo actual experimenta una gran fragmentación. En tal contexto surge el liderazgo de China, el país que mejor aprovechó la globalización. El brexit en el Reino Unido y la asunción de Donald Trump en los Estados Unidos son consecuencia del apoyo que reciben por parte de quienes más sufrieron el costo de la globalización.
Y alarma el crecimiento en Francia de Le Pen, representante de un populismo antisistema.
El caso de China, una férrea dictadura, demuestra una vez más que el sistema político tradicional no es necesariamente el mejor camino para el crecimiento económico.

Para Nicolás Massot, los consensos son imprescindibles para medidas fundacionales que sean sustentables.
El éxito del blanqueo lleva a un blanqueo general de la economía. Que ese blanqueo se extienda a los ámbitos comercial y laboral es el primer desafío post electoral.
La presión tributaria argentina es del 32%, contra el 34% promedio de los países de la OCDE. Pero las alícuotas de impuestos como el IVA, Ganancias, etc., son muy superiores. El resultado es una menor recaudación.
La reforma tributaria debe reordenar los incentivos. El déficit fiscal seguirá siendo un problema durante 4 ó 5 años más. Y hay que encarar la reforma previsional: de 3 aportantes por 1 pasivo en 2005, pasamos a 1,5 a 1 el año pasado.
Otra ley impostergable es la de responsabilidad fiscal, que se está acordando con los gobernadores.
La importancia del Congreso desde diciembre de 2015 radica en la necesidad de que todas las leyes salgan por consenso. Es la mejoe garantía de estabilidad.

“No soy del PRO. Pero mi enemigo es el kirchnerismo”, dijo a su turno Julio Bárbaro, para quien está pendiente en el peronismo “una necesaria autocrítica sobre las fracturas del pasado”.
Criticó Bárbaro que todo parezca reducirse a un “blanco versus negro”, o sea: Macri versus Cristina. “Tal reduccionismo es una deformación de la realidad. Yo prefiero ingresar en el mundo de los grises”.
Uno de los problemas argentinos es que “no hay empresarios con un proyecto de sociedad. Una dirigencia política no se da siempre: no tenemos hoy una dirigencia que nos trascienda. La política se va degradando. Necesitamos un Estado que controle los excesos del sector privado.”
“Somos antes sectores que nación”, dijo Bárbaro. “Necesitamos una clase dirigente que sueñe con un futuro colectivo por encima de sus intereses individuales”. Y concluyó afirmando que “si la democracia se une, el fanatismo será derrotado”.

Ricardo Delgado puso énfasis en lo que califica como “nuevo modo de gestionar la obra pública”. Destacó la necesidad de “dejar atrás los casos de corrupción y el delirio populista del gobierno anterior”.
“Apelamos a la participación del sector privado en la onra pública: el objetivo es pasar del 2,5% al 6% sobre el PBI de inversión. El desafío es grande y el proceso es lento, no somos voluntaristas.
Lo peor ya pasó, aunque Argentina sigue siendo un país caro. La ejecución de obra pública alcanzará este año niveles record, superando ya el 50% y esperamos llegar al 100% cuando concluya el año. La industria de la construcción crece al calor de la inversión estatal, que alcanza al 25%. La provincia de Córdoba tiene $ 14.000 millones asignados por el estado nacional para obra pública.”

Daniel Artana dijo que la tasa de inversión argentina es baja: 18%, contra un 25% que es la media europea.
“Productividad es bajar costos. Aunque no hay una única receta para lograrlo. Tenemos mucho por hacer, empezando por reconstruir lo que, luego de los ´90, malversó el populismo.
En América latina el país más competitivo es Chile, seguido por México, Colombia y Uruguay.
Algunas cosas están cambiando con este gobierno, en materia regulatoria. Pero sigue existiendo un nivel muy alto de empleo informal, situación que no ha variado desde los ´90.
En Argentina el salario industrial es de 16 dólares por hora, el doble que en el resto de América latina. Argentina es el país donde más creció ese costo, pero no fue compensado con una productividad equivalente.
Hay una urgente necesidad de adecuar las relaciones laborales al mundo moderno.
Bajar el gasto público y mejorar su eficiencia es hoy en nuestro país la madre de todas las batallas. Además, reducir la carga impositiva y eliminar las regulaciones ineficientes.”

Para Marcelo Capello, estamos con un tipo de cambio real bajo, apenas 13% por encima del vigente en dieiembre de 2015, y en paridad con la moneda china.
“Hay que trabajar en lograr una competitividad estructural. El único rubro en el que teníamos ventaja de costos es la energía. Pero es alto, por ejemplo, el costo Córdoba: 40% del costo total, contra un 15% de las economías cercanas al puerto.
La energía en Córdoba es más cara. La empresa provincial de energía, EPEC, deberá mejorar mucho su eficiencia.
Dos graves problemas son el déficit fiscal y nuestra escasa competitividad. Hay que bajar los impuestos que afecten a bienes que mejoren su competitividad.
Porque en definitiva no hay un costo Córdoba sino un costo argentino.

Para Ricardo Arriazu, el próximo gran paso en la política económica será la reducción del gasto público, para bajar el déficit fiscal.
“Hay áreas del gasto que no se pueden bajar en términos reales, como es el caso de las jubilaciones. Otras sólo pueden disminuirse en términos nominales, como los intereses por la deuda. Y finalmente están los ítems que sí se pueden reducir legalmente, como son los subsidios, aun cuando esto sea de difícil implementación por el alto costo político que implica.
El gasto comenzó a bajar en términos reales en los últimos meses, aunque si no existe quien quiera financiar el desequilibrio fiscal, la reducción del gasto es a la larga inevitable.
En materia de precios internos, continuará la tendencia a la baja.
La tasa de inflación de los últimos 12 meses bajó a 24 por ciento en mayo, y va a seguir bajando. La velocidad de esta baja ahora depende de la política monetaria y de las negociaciones salariales. Si se mantiene la tendencia actual, la inflación debería bajar a una tasa acumulada de 20 por ciento a fin de año.
La economía terminaría 2017 con un crecimiento de 4,4 por ciento, un ejercicio que no sería prudente hacer por ahora. Pero de mantenerse la tendencia actual, la tasa de crecimiento del PIB real se situaría entre el tres y el cuatro por ciento”.

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